El lado oscuro. Andreu Martín

Vodevil negro

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Si existe alguien en las letras peninsulares que, por encima de cualquier otro escritor, se ha batido el cobre luchando por el bien de la novela negra, ese es Andreu Martín. La suya ha entrañado, entraña aún hoy día, con decenas y decenas de títulos a sus espaldas, una misión llevada a cabo con la publicación de propuestas muy variadas, explorando siempre todas las posibilidades (pasadas, presentes y futuras) que ofrece el policiaco y teniendo siempre en mente a quienes leen sus libros desde hace más de cuarenta años (niños, adolescentes y adultos). Por eso, llama muchísimo la atención que el propio Martín declare en la contraportada de El lado oscuro (2017) lo siguiente: «Esta es una de mis mejores novelas porque la ha escrito para mi placer y diversión, y me lo ha pasado tan bien escribiéndola que me he olvidado del lector, cosa poca frecuente en mí».

el nuevo caso de la investigadora Sonia Ruiz

No sorprende la actitud lúdica, pues no es ni mucho menos la primera vez que la adopta, tal y como demuestran las formidables series de Flanagan y de Ángel Esquius, ambas escritas junto con Jaume Ribera, sino el (supuesto) olvido. Atención: en realidad todo tiene truco, ya que el autor ha tomado prestados los personajes y el mundo ficcional. Manejar algo que no ha creado él le permite abandonarse de una manera más despreocupada, que no con menos pericia, al desbarre.

El lado oscuro es el nuevo caso de la investigadora Sonia Ruiz, la protagonista de la colección SeisDoble, que publica Menoscuarto Ediciones. Concretamente el escrito por Martín es el segundo de una serie que va ya por la cuarta entrega. Cada una la escribe un narrador diferente, con la única condición de continuar la historia base y respetar las pautas que haya marcado el predecesor. Abrieron fuego Lorenzo Silva y Noemí Trujillo escribiendo a cuatro manos (Nada sucio); del tercer libro se encargó Esteban Navarro (El club de la élite); y la responsabilidad de la última entrega hasta la fecha recayó en Claudio Cerdán.

El primer libro explicaba a Ruiz como una detective casi por accidente. Tras haber sido despedida de su puesto en una sucursal bancaria, convertirse en parada de larga duración y verse ante la tesitura de pagar todas las facturas cuando la deja su novio, a la joven se le enciende la bombilla durante los pocos meses que consigue trabajar como asistente de un investigador privado. ¿Por qué no probar a hacer lo mismo? Y se lanza a ello con los tres únicos tres recursos que tiene a sus alcance: «el lado oscuro de la red» como lugar donde encontrar la clientela, su amigo informático Pau a modo de fiel escudero y Extremoduro, su grupo favorito y a cuyas letras recurre la chica mentalmente cuando las cosas se complican.

Que Martín ha venido al universo de Sonia Ruiz a jugar y a pasárselo bien lo demuestra la situación de apertura del libro, una persecución con gags muy de película muda en la que la detective acaba saltando de una en una las gigantesca letras del letrero de un hotel («Y se juega la vida siempre en causas perdidas» que diría Robe). A partir de ahí el novelista barcelonés despliega una de esas estructuras narrativas con ritmo trepidante que sabe construir tan bien, uniendo al final dos historias diferentes, la de Sonia (una mujer la ha contratado para que saque pruebas de la infidelidad del esposo) y la de Pau (sin quererlo se ve en el centro de una turbia trama donde se ven involucrados los servicios secretos españoles).

No hay que confundirse. El lado oscuro no es una parodia del género. Su aire ligero y su comedia basada en equívocos, convierten sus 180 páginas en un insólito ejemplo de algo que podía denominarse «vodevil negro», pues mientras leemos (y soltamos carcajadas) podemos fácilmente imaginarnos un escenario teatral donde los descacharrantes protagonistas salen y entran por puertas un poco de pega. Y a la vez, aparte de las risas, porque una cosa no quita la otra, el maestro sigue siendo el maestro. Como muestra, un botón: «Las pistolas no existen en serio para la mayoría de los mortales hasta que no se encuentran con una de verdad, sobre todo cuando esa pistola de verdad está apuntando a su ombligo».

Menos Cuarto, 2017

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Santiago Alonso

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