Kentucky seco. Chris  Offutt

Gentes que se agarran al lugar pese a la miseria económica, en contacto con la Naturaleza

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Estos nueve relatos nos introducen en las zonas montañosas del Condado de Rowan en los montes Apalaches, y nos internan en la vida cotidiana de sus habitantes. Son historias cotidianas, en las que interaccionan una naturaleza agreste, hermosa, pero poco productiva, con unas gentes que se agarran al lugar, pese a la miseria económica a la que se ven abocados, pero que por otra parte les permite vivir en eso que se da en llamar en contacto con la Naturaleza.

ante los imponderables que la agreste naturaleza en la que viven les propone

El tono de las mismas es de carácter íntimo, pues nos traen las cuitas personales de una serie de personajes que han de resolver circunstancias no siempre fáciles de manejar, y que reaccionan ante los imponderables que la agreste naturaleza en la que viven les propone, así como nos muestra la singular trama social que  se establece entre sus habitantes, que por un lado es de un egocentrismo feroz, casi libertario, y por otro lado nos muestra la cohesión, a menudo asfixiante, que el grupo provoca entre sus miembros.

Pues no hemos de olvidar el desprecio que normalmente se tiene por los llamados montañeses, a los que se pinta como analfabetos, vagos, y de una simpleza rayana en lo estúpido, que no saben resolver sus diferencias sino a tiros de escopeta. ¿no recuerdan las aventuras del perro pulgoso y sus amos? Los dueños de aquel sardónico can, eran como poco chocantes, cuando no directamente risibles y despreciables.

El autor nos va a hablar de estas gentes, y sin esconder sus miserias, como pueden ser su simplismo, que por ejemplo les hace desconfiar de cualquier persona ajena o propia del clan con estudios, y que verán casi como una traición a aquellos miembros del grupo que pretenden salir fuera a estudiar. Son tremendamente supersticiosos, pues consideran que están en manos de fuerzas que no pueden controlar, y a las que hay que aplacar con los más disparatados medios.

Se nos habla de una gente muy atada a su terruño, que llevan mal los cambios, que resultan tremendamente autosuficientes. Así nos encontraremos con historias de gentes que en plenos años 60 del pasado siglo, prácticamente no usaban del papel moneda, y para las cuales la caza y la pesca eran algo más productivo que un divertimento.

El tema de la identidad y pertenencia a un grupo es fundamental. Hay un sentimiento de adhesión asfixiante en la que no se puede ser distinto, pues cualquier opción diferenciadora se vive como una traición a la comunidad. Y en cuanto a las diferencias por sexo, los hombres que se atreven a salirse del carril lo tienen chungo, pero entre  las mujeres es aún peor.

Por ejemplo en el presunto origen étnico. Este fuerte sentimiento de identidad se ve corroborado por su idea de pertenecer a la minoría Melungeon, cuyo incierto origen no está ni entre los blancos, ni entre los indios, ni entre los negros, pues afirman que su origen es anterior a los colonizadores.

Un elemento cotidiano y vertebrador de esta comunidad es el uso de la violencia. Los conflictos se resuelven con el uso de armas de fuego, cuya presencia es icónica para estos grupos. No hemos de olvidar que esta es una tierra donde abundan las alimañas y diversos depredadores, desde multitud de ofidios a temibles pumas y osos, pasando por la continua amenaza de los coyotes. Todo esto hace que la naturaleza circundante sea cualquier cosa menos bucólica.

Esta idea de un ambiente hostil que marca carácter, se puede ver en esta afirmación:

El coyote representa el lado humano del perro. Y la mayoría de los chuchos, el lado canino del hombre

Los personajes de estas historias son una gente con una idiosincrasia muy peculiar, pues se ven como escoria, pero mantienen y muestran una dureza implacable para sí y para los que consideran como extraños.

Todos estos elementos podemos encontrarlos en ensayos como Crónicas de la América profunda de Joe Bageant, que nos hace pensar sobre eso que se suele llamar basura blanca, o en obras literarias como las estupendas novelas de Daniel Woodrell Los huesos del invierno (Winter’s bone), o La muerte del pequeño Shug, que transcurrían en la meseta de Ozark, o en novelas como Ángeles en llamas o Uno de los nuestros de Tawni O’Dell, situadas en las regiones montañosas de Virginia, pero que transmiten ese mismo aislamiento y ferocidad social.

Con todos estos mimbres Offutt nos regala con una magnífica serie de relatos basados en hechos reales, recuerdos familiares, historias literarias y bíblicas, que estremecen y emocionan desde la primera a la última.

Sajalin, 2019

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José María Sánchez Pardo

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