El secreto del Cónclave. Carlo A. Martigli

El Papa sospecha que tras esas tristes muertes está la sombra de uno de sus cardenales de confianza

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El descubrimiento de los cadáveres de dos jóvenes desnudos en un patio ya es un drama por sí mismo. Pero si el lugar donde son encontrados los cuerpos es el patio de uno de los edificios residenciales del Vaticano, el drama se eleva a suceso excepcional.

le han hablado de un doctor vienés, que además de judío, tiene fama de dar luz a los más íntimos pensamientos y motivaciones

Nos encontramos en 1903, y el Papa León XIII, que vislumbra su próximo fin, sospecha que tras esas tristes muertes está la sombra de uno de sus cardenales de confianza. Intentando evitar que el asesino pueda ser elegido en el cónclave ya próximo, el Papa necesita de un fino investigador que sea capaz de penetrar en las retorcidas mentes de sus acólitos. Y recuerda que le han hablado de un doctor vienés, que además de judío, tiene fama de dar luz a los más íntimos pensamientos y motivaciones.

Y así, León III invita a Sigmund Freud a Roma, y le encarga que descubra cuál de sus cardenales está detrás de tan siniestro crimen.  

De esta forma se inicia un enconado duelo entre la capacidad clínica de Freud y unos formidables adversarios que son hombres experimentados e inteligentes, para los que la doblez y el fingimiento son moneda corriente en sus vidas, y que cuentan, además, con el muy poderoso acicate del afán de poder, armas todas que utilizaran al enfrentarse con el famoso analista.

Mientras se van desarrollando las sesiones de investigación, se nos va relatando las circunstancias personales y científicas de Freud, que está en plena madurez profesional y en una continua búsqueda de los resortes de la mente humana, para lo cual echa mano del autoanálisis de sus sueños. Tengamos en cuenta que por la época en que transcurre la novela, Freud acaba de poner los cimientos de la teoría psicoanalítica, y vive, y cuando usamos el término vive es en su más concreta acepción, en un continuo proceso de descubrimiento, que le lleva a reflexionar y cuestionar buena parte de los dogmas existentes, incluidas sus propias teorías.

El telón histórico sobre el que se teje la historia es poderosísimo. El autor muestra un profundo y detallado conocimiento de los avatares personales y científicos de Freud en ese año, permitiéndose detalles tan poco conocidos como el uso que hizo Freud de un polígrafo (también llamado detector de mentiras), o la detallada descripción del gabinete que le instalan en el Vaticano, réplica del original en su estudio de la calle Berggasse 19 de Viena.

También aparecen elementos muy de la vida cotidiana de Freud como era su singular relación con las mujeres, o su pasión, por no decir directamente vicio, de consumir ingentes cantidades de puros, de los que se nos da una quizá excesivamente minuciosa relación de marcas y precios.

Pero si el autor es prolijo en lo relacionado con la vida y obra del genio vienés, no lo es menos en cuanto a relatarnos las circunstancias personales, sociales y políticas que rodeaban la vida del Vaticano de esos momentos. Se nos detallarán las luchas de poder y las relaciones con Estados como el italiano o el imperio austrohúngaro, pero quizá lo que más brilla es la pintura de la vida de León XIII, al que descubrimos como un fino humanista y un alma grande que intentó aunar el papel religioso con el temporal de una organización tan compleja como es la iglesia católica. Y nuestra sorpresa es aún mayor cuando uno de los personajes que acompañarán a Freud como ayudante, especialmente designado por León XIII, es un joven estudiante de la Pontificia llamado Angelo Roncalli, ese que muchos años después será conocido mundialmente como Juan XXIII, y que ya va dando pistas de su famosa bondad, alegría  y bonhomía.

Con estos elementos se nos propone una intensa narración de intriga en la que se entremezcla la ardua tarea encargada por el Papa a Freud con el no menos duro trabajo de desvelar las profundas estructuras de la personalidad humana.

En realidad, no es extraño este paralelismo entre el psicoanálisis y la tarea detectivesca pues, entre otros ejemplos, ya lo utilizó el gran psicoanalista francés Eric Laurent, el cual, para describir la función del psicoanalista, utilizaba una escena de La carta robada, de Edgar Allan Poe, en la que Dupin, al que Laurent asemejaba con un psicoanalista, se calaba sus anteojos verdes en el despacho del ministro ladrón para encontrar la carta sustraída y poder así cambiar el statu quo. Y esa es, sin hacer spoilers, la tarea clínica psicoanalítica: no es sólo descubrir la verdad, sino averiguar cómo variar el juego de fuerzas psíquicas que gobiernan nuestras vidas.

La presencia de Freud y la teoría y clínica psicoanalítica ha sido enorme a lo largo de los años en el noir. La presencia de Freud en la resolución de asesinatos aparece por ejemplo en La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld, pero quizá la aparición favorita de Freud para quien esto escribe es el pastiche holmesiano Elemental, Dr. Freud, de Nicholas Meyer, en el que Watson arrastra a un Holmes muy destruido por su adicción a la cocaína a ver a un famoso doctor vienés que ha publicado un estudio sobre el tratamiento de la cocaína. Este es un relato magnífico en el que Freud no sólo brilla como fino y astuto clínico, sino que saca una vis aventurera y luchadora poco acorde con el retrato de genio pausado y circunspecto que se le atribuye. Tanto Sherlock Holmes como la cocaína, aparecerán también en El secreto del Cónclave, pues Freud muestra en esta narración gran admiración por el personaje de Conan Doyle y sus métodos de investigación. Además, la realidad es que el uso de la cocaína era mucho más habitual en aquella época de lo que nos creemos, valga de ejemplo la cita que se hace en esta novela de la existencia del vino Mariani, que contenía cocaína, y uno de cuyos más fieles consumidores era… el propio Papa León XIII.

Con todos estos elementos de intriga, históricos y biográficos se construye una narración interesantísima, que es capaz de dar gusto a muy diversos paladares literarios.

Harper Collins Ibérica, 2019

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José María Sánchez Pardo

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