Tiempo de siega. Guillermo Galván

Uno más de los presos dedicados a la construcción de lo que será el Valle de los caídos

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Días previos a las navidades de 1941. Carlos Lombardi, antiguo inspector de la Brigada criminal de Madrid está condenado a trabajos forzados en Cuelgamuros; es uno más de los presos dedicados a la construcción de lo que será el Valle de los caídos.

las víctimas son degolladas, torturadas y castradas, y todas ellas pertenecen al ámbito religioso

Sorpresivamente, una noche es requerido en la DGS de la Puerta del Sol.  Allí recibe una propuesta singular: ponerse al frente de la investigación de un asesinato que tiene grandes similitudes con otros que tuvo que investigar en el Madrid acosado por la guerra. Para ello se le ofrece volver en cierto modo a su vida anterior, y se le engatusa con la promesa de que, si triunfan sus pesquisas podrá abandonar su reclusión.

Como su presencia no es muy grata entre los policías actualmente en servicio, Lombardi se rodeará de un equipo un tanto sui generis, formado por una secretaria de investigación, de profundas convicciones falangistas, un ex miembro de los Guardias de asalto y un joven y ambicioso periodista.

Con tan peculiar equipo, tendrá que dar luz a una serie de cruentos asesinatos, en los que las víctimas son degolladas, torturadas y castradas, y todas ellas pertenecen al ámbito religioso.

El devenir de las pesquisas lleva a nuestro protagonista y su peculiar grupo de investigación por un Madrid desolado y en ruinas, con las obras de reconstrucción del Viaducto como ejemplo y metáfora de la situación.

Pero en ese Madrid no solo hay destrucción física. Buena parte de la población, y especialmente los que se vieron marcados, real o injustamente, como del bando perdedor, constituye una sociedad hambrienta, atemorizada y desilusionada, sometida a los caprichos y abusos de los que se consideran del bando vencedor.

El desarrollo de la trama nos lleva a recorrer muy variados escenarios del Madrid de aquellos años. En esta línea, conoceremos de las circunstancias que rodean al mundo religioso; incidiendo en la presencia de grupos, que casi pueden denominarse sectas, que empiezan a tener una poderosa influencia en el mundo económico y político.

De igual forma se nos mostrarán las confrontaciones que se daban entre diversos lobbies del régimen, incluidos los líos dentro de la Falange y el engendro de las FET y las JONS. El mercadeo de obras de arte, especialmente religiosas, será un asunto tangencial que se trata durante la narración y que también tendrá su peso en una investigación compleja.

Pero a través de la investigación de Lombardi no solo conoceremos los problemas políticos del Régimen. También se nos relatarán sucesos sociales que tuvieron importantes repercusiones en la vida cotidiana y en los cenáculos del poder. Un elemento muy interesante es el relato que se nos ofrece de la influencia de la embajada del régimen nacionalsocialista en Madrid y de los diversos ámbitos en que ésta se llevó a cabo. Y, en contraprestación, se hablará también de las actividades de la embajada inglesa y sus sutiles movimientos, pues al autor no se le olvida que la acción transcurre durante la II Guerra Mundial, y en esos momentos las espadas de los contendientes están en todo lo alto, siendo para ellos Madrid un importante centro del espionaje.

Como no podía ser menos, todos estos mimbres narrativos obligarán a combinar personajes ficticios con otros reales; siendo algunos de ellos unos auténticos descubrimientos históricos pues, por lo menos quien escribe esta reseña, no tenía noticia de sus historias, alguna de ellas más que notable.

Un elemento muy interesante de la novela es el litigio que se genera entre Lombardi y su equipo y los miembros de la policía oficial del régimen, que no gusta de la presencia de elementos que ven como extraños y que les obliga a una competencia no deseada. Tengamos en cuenta que esta fórmula del policía que es rescatado de una mala situación por un régimen dictatorial a cambio de sus servicios profesionales ya ha sido usada repetidamente en otras novelas, entre las que podemos citar Violín negro en orquesta roja, de Javier Pérez, o La Esmeralda del zar rojo, de Sam Eastland -en la que se rescata del gulag estalinista a un policía zarista- o, en el ámbito nazi, Pálido criminal, de Philip Kerr, en la que el detective Bernie Gunther es obligado por el general de las SS Reinhard Heydrich a reincorporarse a la Kripo.

Además de contener una apasionante trama de intriga e investigación, la novela es una gran galería de personajes, tanto reales como imaginarios, de los que se nos muestra sus más recónditas motivaciones y pasiones, siendo un tema recurrente la difícil adaptación de muchos de ellos a una situación ominosa, en la que una denuncia o desliz puede dar con tu vida personal o profesional en el arroyo. Un ejemplo paradigmático de lo que señalamos es la figura de Balbino Ulloa, un alto mando policial que trabajó a las órdenes de la República, y que fue jefe de Lombardi, pero que se pasó al bando de los sublevados y, por tanto, fue represaliado al acabar la guerra.

Un último detalle que no podemos dejar de señalar es el homenaje que el autor hace de los grandes folletines de aventuras cuyo escenario se sitúa en la red de túneles y subterráneos que horadan el centro de Madrid, y especialmente a la más famosa obra de este género, La torre de los siete jorobados, de la incierta autoría de Emilio Carrere, pues parte de la narración transcurre en tan oscuro y peligroso escenario.

Todo esto se conjuga en un apasionante thriller policíaco y de aventuras que, sin esconder nada del sombrío escenario y tiempo en el que transcurre, tiene una fuerza y una viveza excepcional y logra que la historia propuesta y su protagonista, el inspector Carlos Lombardi, estén, como poco, a la misma altura de otros muchos personajes y series policíacas españolas, por lo que suponemos y esperamos que ésta no sea la última entrega de las aventuras de tan gran personaje.

Harper Collins Ibérica, 2019

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José María Sánchez Pardo

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