Entrevista con Mauro Armiño, antólogo

Mauro Armiño ha logrado uno de esos libros que, además de estupenda lectura, cubren un hueco en la bibliografía noir

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Estamos asistiendo a un fenómeno muy interesante dentro del noir. Consiste en la publicación de novelas y antologías de relatos que están inscritos en los parámetros de la novela criminal, y que fueron publicados durante el XIX y primeros años del XX. Además de magníficas lecturas, nos muestran como el interés por la intriga, lo criminal y la pesquisa no es una temática de los últimos años, sino que ha viene de lejos y ha sido un fructífero campo para muchos escritores.

Dentro de esta ola de publicaciones, hemos quedado especialmente satisfechos con la publicación de Crímenes a la francesa, una antología de relatos franceses que van desde principios del siglo XIX a los años veinte del pasado siglo. En ella aparecen celebérrimos autores junto con otros que nos eran totalmente desconocidos; pero todos ellos son de interés y tienen gran calidad en sus relatos.

El encargado de esta antología ha sido Mauro Armiño, que ha logrado uno de esos libros que, además de estupenda lectura, cubren un hueco en la bibliografía noir.

Como la lectura del libro, además de encantarnos, nos generó un montón de preguntas, pedimos a su antólogo si podía darnos luz sobre algunos detalles de lo que significa una edición como esta, y sobre ciertas particularidades de la misma. Estas han sido sus respuestas ante nuestras inquietudes.

Texto: José María Sánchez Pardo

Fotografía: Andrés de Gabriel

¿Qué criterios le guiaron a la hora de seleccionar los relatos? Entendemos que detrás de una antología de este tipo hay mucho conocimiento previo, mucho estudio y, también, mucha diversión, para elegir o desechar unos u otros relatos.

El de presentar el surgimiento de la novela detectivesca, para-policial, en lengua francesa; las traducciones de lengua anglosajona a español, por lo que se refiere a este género–como por otra parte el de terror, negro o policíaco– están muy presentes en nuestras librerías; merecido, desde luego, los anglosajones han «inventado» esos géneros.

 

 

¿Por qué la acotación temporal entre 1807-1927?

Es el periodo de gestación de estos géneros; con el siglo XX han alcanzado la madurez y una gran audiencia.

¿Cuáles son las grandes diferencias que marcan, en este tipo de literatura, las tendencias anteriores y posteriores?

En Francia existía una literatura llamada judicial, procesal, que atendía los grandes procesos como crónicas más que como literatura. Hay excepciones: Balzac, por ejemplo, en una novela histórico-política a la que se ha dado el título de novela policiaca, Un asunto tenebroso, publicada en 1842, con dos policías secretos que ejecutan una intriga antinapoleónica orquestada por Fouché y Talleyrand. Hay investigación, hay persecución, unos culpables y unas sentencias, pero desde luego no cumple con los requisitos que Edgar Allan Poe exigía para la novela o el relato de intriga, tipo caballero Dupin.

Y una vez desarrollado el género, gracias al desarrollo de la prensa francesa que inventa el folletón –en ellos se publican grandes novelas, Balzac, Flaubert, etc.- y también da espacio a escritores menores, pero excelentes.

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¿Cuál es su relato preferido y por qué?

Quizá “La escena de los bustos” de Gaston Leroux, que roza el disparate surrealista, o El barrilito, de Maupassant, ese maestro del cuento; o el cruel “La Grande Bretèche” de Balzac.

A nosotros nos han parecido especialmente escalofriantes cuatro relatos: La grande Bretèche, de Balzac, El Mateo Falcone, de Mérimée, El barrilito, de Maupassant y Las bocas inútiles, de Octave Mirbeau. Los dos primeros son salvajes “Crímenes de honor” y los otros dos están marcados por la codicia campesina. ¿Podrían ser estas características de la literatura francesa de crímenes frente la siempre omnipresente literatura anglosajona?

En la literatura francesa, el género no tiene caracteres tan definidos como en la anglosajona y permite a escritores como Balzac, Maupassant o Mirbeau incrustar en esos relatos otras características, por ejemplo, frente a la literatura anglosajona, estos relatos franceses dan más juego al análisis psicológico de los personajes, o la descripción de costumbres.

Además de antólogo, usted ha ejercido de traductor. ¿Ha tenido alguna circunstancia especial para traducir textos de hace más de dos siglos para acomodarlos al lenguaje contemporáneo?

Ninguna especialmente, el francés de hace dos siglos es el de hoy; únicamente plantean problemas para el lector situaciones históricas ya olvidadas, que he situado con notas breves.

También, aunque de otra manera, claro, hemos disfrutado mucho con los magníficos ejemplos de humor negro que nos presenta en “¡Pobre Césarine!”, de Alphonse Allais, o “La cena de los bustos”, de Gastón Leroux. ¿Es esa otra característica de este tipo de literatura francesa o son brillantes excepciones?

La diferencia sustancial, a mi parecer, entre la literatura francesa y la anglosajona en este género es la distancia de los autores respecto a lo que narran, que les permite ejercer la ironía, casi inexistente entre los de lengua inglesa.

Gracias a esta antología hemos conocido a autores como Jean Richepin, Paul-Louis Courier, Jules Lermina o el mencionado Alphonse Allais… ¿Ha tenido que prescindir, por la amplitud de la antología, de algún otro autor digno también de ser conocido por los lectores españoles?

Ese es quizá el mayor interés de mi trabajo: descubrir autores desconocidos, ampararlos bajo el paraguas de los conocidos, y presentarlos de forma destacada. Estos «menores» trabajan mucho mejor dentro de las normas del género que los «mayores», van directos al grano, no se disgregan, no hacen, como por ejemplo Balzac, estudio sobre la psicología de los personajes, sino que van directos al crimen, la investigación y la persecución del culpable.

Siempre hemos tenido una especial debilidad por Maurice Leblanc y su ubicuo Arsène Lupin Este personaje tuvo en su momento una fama equiparable a la de Sherlock Holmes; sin embargo, hoy ha quedado totalmente relegado ante el personaje británico, a pesar de que en muchos aspectos a nosotros nos parece más atrayente ¿por qué cree que ha sucedido esto?

Una explicación podría ser la potencia del cine, que se ha centrado en Holmes más que en Lupin; otra, que Lupin no deja de ser un seguidor, literariamente hablando, del inglés; el propio editor le pidió a Leblanc que lo tomara por modelo. Terminaron siendo dos personajes muy distintos, Lupin con ese distanciamiento respecto a lo narrado que ya he comentado…

Los relatos que forman esta antología, ¿dónde fueron publicados?

Prácticamente casi todos en los folletones de periódicos y revistas, que los utilizaban como gancho de lectores de un día para otro en la mayor parte de los casos, porque dejaban en suspense la acción.

¿En qué ámbito sociocultural tuvieron más resonancia? ¿En el ámbito popular o en el intelectual?

En el popular, desde luego, dado su sistema de publicación.

¿Ha pensado en la posibilidad de una antología similar con relatos españoles? ¿Cree que sería factible?

Supongo que sería factible, no soy especialista del género en la literatura española; se han publicado antologías de escritores actuales entre lo detectivesco y lo policiaco, desde García Pavón a Juan Madrid, pero no tengo conciencia de que el período desde el romanticismo a 1936, pongo por caso, haya servido para una antología de detectives; quizá exista sin embargo, el género fantástico y de terror si ha sido objeto de recopilaciones, con Pardo Bazán, Ros de Olano, Bécquer, etc., en cabeza.

 

Esta entrevista se realizó mediante cuestionario por correo electrónico en los primeros días de 2019. Queremos dar constancia de la gentileza y paciencia mostrada por el entrevistado. De igual forma queremos mostrar nuestro agradecimiento con Elena Palacios, del departamento de prensa de la editorial Siruela, que nos ha ayudado a capear los distintos problemas que nos fueron surgiendo desde el primer planteamiento de esta entrevista.

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