Richard Stark´s Parker. Guión adaptado y arte: Darwyn Cooke

El profesional

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Parker es un ladrón profesional, frio, despiadado aunque no sádico y metódico. Una vez empieza algo nunca se para, nunca descansa y nunca se olvida hasta haber llegado al final, ya sea de una venganza porque le dejaron por muerto robándole el dinero de un golpe, porque haya decidido robar una ciudad entera o porque haya que huir a través de un parque de atracciones cerrado para conservar un botín tras un robo fallido. La principal cualidad redentora de Parker es que se enfrenta siempre a gente que es peor que él y que tiene un código de comportamiento férreo que no siempre tienen el resto del reparto. Y hasta aquí el resumen, háganse un favor y salgan a conseguir los libros que en su día escribió Donald Westlake bajo el pseudónimo de Richard Stark.

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Darwyn Cooke (Toronto, 1962-2016), animador, dibujante y, ocasionalmente, guionista amén de aficionado a las novelas de Parker (y habiendo homenajeado ya la interpretación del personaje por Lee Marvin en el personaje de Stark del muy recomendable tebeo «Catwoman: el gran golpe de Selina»), empezó a adaptar para la editorial norteamericana IDW las novelas que más le gustaban del personaje, empezando por «The Hunter», la primera, y tras enviar muestras de las primeras páginas a Westlake éste, entusiasmado por el buen hacer de Cooke, autorizó a que se usase el nombre de Parker en la adaptación (cosa que siempre se había negado a hacer en las diferentes adaptaciones cinematográficas), si bien nunca pudo verla llegar a las estanterías al morir el año anterior a la publicación. Las adaptaciones siempre se pensaron como un proyecto cerrado de cuatro novelas gráficas, si bien no adaptó sólo cuatro de las novelas originales ni Cooke cerró la puerta a seguir posteriormente (aunque su temprano deceso por cáncer ha cerrado esa posibilidad).

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Las cuatro novelas gráficas tienen unas pautas estéticas comunes: ser lo más fiel posible al espíritu y, cuando se puede, a la letra de las novelas (en El Cazador se corta toda la parte final de la novela, desde el encuentro de Parker con los policías en adelante, en aras de realizar una continuación más orgánica de la trama general de la caza a Parker en la segunda parte, La Compañía, que adapta tanto The Outfit como la breve novela El hombre que cambió de cara), colorear en un bitono a pincel que realce el ambiente de relato negro un tanto pulp de los originales y una estructura narrativa bastante cinematográfica (herencia de los años que Cooke pasó haciendo storyboards para series animadas), todo ello dentro del habitual estilo de dibujo cartoon de todos esos profesionales que dieron el salto a finales del siglo XX y principios del XXI desde el ámbito de las series animadas a los comics que ayuda mucho a economizar líneas y se centra en lograr una sensación de movimiento y en las expresiones de los personajes con una gran economía de líneas.

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Ese afán de mantenerse fiel a la obra original no sólo le viene a Cooke de su lado fan, también le aporta múltiples ventajas: se libra por un lado de las críticas que arrastraba desde el inicio de su carrera como autor completo de comics sobre su frialdad a la hora de crear las interacciónes entre personajes y, por el lado práctico de la planificación de las historias, no tiene que andar pensando en escenarios ni tramas, los planea ya después de muchos años de madurarlos en su mente. Cierto es que aquí tampoco se libró de las críticas por ser demasiado cinematográfico (como si planificar la página de esa manera fuera malo y, como veremos más adelante, sin una auténtica base para decir que no experimentó) o por parar el ritmo de la narración con páginas de texto, crítica ésta más acertada que la anterior pero sólo en ocasiones.

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Pero volvamos al principio, en The Hunter, Parker, tras ser dado por muerto tras la traición de su esposa Lynn y de un socio Stegman, vuelve para consumar su venganza y recuperar su parte del botín, caiga quien caiga y sin dar cuartel. Nada más abrir el cómic, llama la atención como Cooke no duda en exprimir todos los recursos gráficos que se le ocurren para replicar y condensar los ambientes y psicologías que Westlake describe en la novela sin tener que usar palabras, reduce los diálogos a la mínima expresión mientras Parker pone en marcha su venganza. Éstas son las mejores páginas de la tetralogía de adaptaciones y, sin haber encontrado demasiados datos sobre el particular, son las que asumo que se enviaron y entusiasmaron a Westlake. No es para menos, constituyen uno de los mejores inicios de una obra gráfica que yo haya visto y se quedan indelebles en la retina, en particular el uso de tipografías para distinguir los diferentes bancos a los que Parker va a realizar el timo del cheque y que queda meridianamente claro sin tener que usar cuadros de texto explicativos. Tras estas páginas, con la conversación con su esposa Lynn, arranca con la historia en sí y baja el nivel de obra maestra a un peldaño inferior, que va de lo notable a sobresaliente en el que se mantiene en el resto de adaptaciones.

sin demasiadas florituras formales y, por tanto, más centradas en la adrenalina que en los ambientes

Las tramas ideadas por Westlake, directas, sin demasiadas florituras formales y, por tanto, más centradas en la adrenalina que en los ambientes (aunque las descripciones de escenarios en las novelas son lo suficiente minuciosas para que los golpes no se hagan confusos), dejan un amplio espacio al dibujante para diseñar los escenarios y caracterizar a los personajes. Aquí es donde Cooke da un recital, podemos pasar en un momento de una calle entre rascacielos a una isla tropical a un garito de mala muerte, las ciudades, grandes o pequeñas, tienen sus propia manera de diferenciarse según la arquitectura de sus edificios. En El Golpe, la tercera novela gráfica de la serie, el tener un número reducido de lugares, en los que transcurre la planificación y el asalto a una ciudad minera, y el que estos lugares sean casi siempre en interiores antes que una desventaja Cooke lo convierte en una guía de medios para tener al lector enganchado que debería estudiarse en las escuelas de dibujo (pasado el prólogo, hay cerca de cuarenta páginas que son esencialmente conversaciones y planear un robo cercano a lo imposible en torno a una mesa, ésta suele ser la pesadilla habitual de cualquier dibujante y aquí Cooke, con sus continuos cambios de plano, movimientos de cámara y gestualidad de los personajes, prácticamente hace que el lector sea uno más de los que se sientan a la mesa a discutir el robo), igual problema pero a la inversa ocurre en Matadero, cuarta de las adaptaciones, en que el parque de atracciones Fun Island, al que huye Parker, tiene un gran número de espacios abiertos, interiores o exteriores, en los que, a pesar de la gran cantidad de elementos arquitectónicas empleados en la trama, el autor es capaz de ordenar la acción de una manera tan milimétrica que en ningún momento se escapa nuestra atención del lugar al que se la quiere dirigir.

Ayuda a la fluidez del relato que las viñetas estén construidas sin bordes y que se usen en los dibujos el coloreado antes que líneas de tinta definidas para realizar los bordes de las figuras. El ritmo suele ser pausado en la mayor parte del relato incrementándose paulatinamente según llega el momento de la acción, sin que el que Cooke emplée bloques de texto sacados literalmente de las novelas haga que éste se resienta, salvo en un par de ocasiones, a pesar de que esa es una de las quejas más comunes; de hecho, para evitar esa sensación se emplean diversos trucos como es narrar el golpe como un relato dentro de una ficticia revista de tendencias para criminales, crear microhistorias que expliquen los golpes (con homenaje a los cortos de Fritz Freleng en las figuras de los diferentes timadores) o hacer un prospecto/mapa desplegable explicando las diferentes atracciones de Fun Island (con homenaje a Hanna & Barbera). El color es casi siempre un frio azul o verdeazulado de tonalidad oscura que resalta el frio de los caracteres y de las tramas, si bien eso cambia en El Golpe, en el que se usa un amarillo anaranjado que añade una sensación psicológica de expectación a una trama en la que casi no hay momentos violentos a la vez que ayuda a realzar los mismos, y en El 7éptimo, breve adaptación de la novela The Seventh (o The Split, según ediciones), en el que el rojo oscuro da una sensación crepuscular a la persecución que Parker lleva a cabo a través de una zona en construcción. Por cierto, que el coloreado se realizó con acuarelas con lo que la dificultad para realizar las páginas definitivas se incrementa.

La edición española que Astiberri nos ha traído es un fiel reflejo de la primera edición americana, tapa dura, reproducción de alta calidad y buen papel con una rotulación de estilo manual en los pasajes de prosa que, junto con la traducción de Óscar Palmer, hacen de estos comics el objeto ideal para regalar a cualquier fan de Darwyn Cooke o de las novelas de Parker y, en general, una edición definitiva.

Astiberri, 2011

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