Monster (2003)

Familia desestructurada, con un padre pederasta que se ahorcó en el presidio en 1996

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Aileen Wuornos pasó a la historia del archivo criminal estadounidense por ser una de las escasas aportaciones femeninas al oscuro dossier de los asesinos en serie de América. Cumpliendo los patrones de origen en familia desestructurada, con un padre pederasta que se ahorcaría en el presidio en 1996, Aileen sufriría un primer tramo de su vida perturbador y traumático, con abusos recibidos en el núcleo familiar o hasta un hijo hoy sin identificar, detonante de su posterior historial delictivo con múltiples robos y trifulcas. Prostituta confesa, bajo este estigma escribiría su negro historial del crimen, llegando a matar hasta a siete hombres; según las palabras de Aileen, las ejecuciones serían en defensa propia por agresivos e inhumanos intentos de violación. Un año después de la muerte de Aileen en el corredor bajo la inyección letal, se estrenaba Monster, una película dirigida por la ahora respetada y popular cineasta Patty Jenkins (Wonderwoman), y con una alabada interpretación de Charlize Theron, que basó su dramatización directamente en un popular documental de la criminal. Siguiendo las naturalidades de este tipo de subgénero del psychokiller llevado a la gran pantalla, Monster condensa su historia principalmente en la etapa más dura de Aileen y sus asesinatos anexos, haciendo también hincapié en una coyuntura ampliamente recordada de la criminal: su relación homosexual con una joven veinteañera llamada Tyria Moore.

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Ambientada en la Florida de los años 80, Jenkins aborda la historia de Wuornos con cierto énfasis en el retrato humanista, hasta en cierta medida empático, como una mujer situada en el lado equivocado no solo por unos orígenes turbios a los que no le hace falta incisión, por lo que hace caminar a la protagonista por ese lado menos conocido y convencional del estilo de vida americano: moteles, bares de carretera y demás ubicaciones de la América más rural que oficiaría como negro campo de acción de la mujer. Acusada de un latente retrato feminista tanto de la asesina como de su perturbador universo intrínseco, la visión de Jenkins asocia el crimen real no únicamente como un retrato psicológico de la idiosincrasia del asesino en serie en la sociedad, algo que hubiese situado a Monster en una dimensión demasiado similar junto a las ya incontables películas basadas en esta negra historia del espectro social americano. Aquí se muestra a Wuornos, y Theron desde su interpretación lo asimila y comprende, haciendo alusión a su título, un monstruo social, una especie de víctima del sistema que detona en el crimen su continuo devaneo con lo más sórdido y pérfido de esa sociedad que habitualmente no sale en los telediarios. La película se convertirá por ello en un loable ejercicio de abordaje a la figura del asesino en serie, no bajo el estigma del icono terrorífico hacia la sociedad de a pie, sino como el dogma de la incomprensión en unos niveles totalmente ajenos a la sociedad.

En lo meramente cinematográfico se podría echar de menos un look mucho más sórdido y atrevido, que incidiría aún más en el reverso más oscuro de Aileen (Jenkins aboga por un estilo narrativo entre indie y televisivo), e incluso, cabe añadir que a muchos les sorprenderá una inesperada mirada empática hacia la propia asesina; pero Monster guarda su potencia en su discurso, en la asimilación y concatenación de ideas sobre la conversión en un ser capaz de aniquilar a sus semejantes, todo ello alejándose del artificio y apoyándose en el siempre presente reverso humano de este tipo de personajes. Diatriba en esta ocasión obviada en este tipo de retratos, pero que Jenkins utiliza para dibujar con éxito un desesperanzador universo de los monstruos de nuestra sociedad.

Dani Rodríguez

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Tit. Orig: Monster. Estados Unidos, 2003. Director: Patty Jenkins. Guión: Patty Jenkins. Música: BT. Fotografía: Steven Bernstein. Intérpretes: Charlize Theron,  Christina Ricci, Bruce Dern, Scott Wilson

El crimen no necesita de mayor justificación. Simplemente nos fascina e hipnotiza, nos atrapa, nos obliga a seguir mirando…

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Este ensayo colectivo es obra del equipo para el monográfico Crímenes Célebres, editado por Reino de Cordelia en 2018