Yatsuhaka-Mura. El pueblo de las ocho tumbas. Seishi Yokomizo

A partir de ese momento empiezan a sucederse violentos asesinatos

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El joven Tatsuya Terada recibe la visita de un abogado que le notifica que es reclamado por la familia de su padre biológico, al que nunca conoció. Esta sorprendente nueva lleva adjunta la posibilidad de hacerse rico, pues resulta el heredero de la opulenta hacienda de un importante clan rural en el pequeño pueblo de Yatsuhaka-Mura.

descendiente de una vieja maldición de hace siglos

La noticia deja a Tatsuya estupefacto, pero el hecho de que a partir de ese momento empiecen a ocurrir violentos asesinatos hace de su situación algo más que inquietante.

La llegada a Yatsuhaka-Mura no rebaja sus problemas, pues por un lado se le ve como el descendiente de una vieja maldición de hace siglos, que tuvo un sangriento corolario 20 años antes a manos de su progenitor; y por otra las muertes misteriosas no dejan de sucederse, poniendo a Tatsuya Terada en la diana del odio de los lugareños.

Estas muertes obligan a acudir a la policía encabezada por el inspector Tsunejiro Isokawa, y al investigador privado Kosuke Kindaichi, que intentarán dar luz a unos extraños sucesos, donde confluyen maldiciones históricas, terribles matanzas y por si fuera poco un fabuloso tesoro.

sigue anclada en usos y supersticiones religiosas más propias del pasado

Esta nueva aventura de Kosuke Kindaichi, nos lleva como en anteriores entregas, al Japón de los años posteriores a la II guerra mundial, un país devastado por la derrota en la guerra, tanto económica, como socialmente, pues gran número de varones han fallecido o han quedado dañados física o mentalmente por la actividad bélica. De igual forma el escenario de la novela no es una gran urbe sino una pequeña comunidad rural, que no ha sufrido los destrozos físicos de la contienda, pero que sigue anclada en usos y supersticiones religiosas más propias del pasado. Y como guinda a este indigesto pastel, las tensiones personales, familiares y de clase social son muy evidentes y encubren una gran violencia. Este tipo de escenario físico y humano cerrado y muy intenso ya nos lo presentó el autor en otra gran novela de la serie, Gokumon-To, la Isla de las Puertas del Infierno, aunque en aquella ocasión en lugar de ser una comunidad agrícola del interior, lo situó en una pequeña isla perdida, pero no le queda a la zaga en relatarnos grandes misterios e historias de gran violencia, escondida tras una vida aparentemente bucólica.

Es de destacar la importante presencia de personajes del orden religioso, en unos roles y actitudes, que nos sorprenden, pues no son equivalentes a los usos de los sacerdotes o frailes occidentales. Y no puede faltar tampoco un ligero aroma de literatura fantástica, pues lo sobrenatural impregna en forma más o menos sutil buena parte de la vida de los personajes de la narración, algo por otro lado nada extraño en la literatura japonesa.

Pese a lo enraizado de la narración en la cultura japonesa, el autor echa mano sin pudor del canon de la literatura policíaca occidental, como ya nos mostró en otro volumen del mismo investigador, Asesinato  en el honjin y otros relatos, donde bien por la presencia de novelas, o por citas, el investigador se ve influenciado tanto por los usos y costumbres japoneses, como por el bagaje criminalístico de los grandes autores y personajes de la ficción de intriga.

Formalmente, esta novela también nos sorprende, pues está narrada desde la voz de su protagonista el joven Tatsuya Terada, y no desde la del investigador Kosuke Kindaichi, que queda un poco relegado, y le da un toque folletinesco, casi de novela de aventuras a la narración.

Con todos estos elementos: una inquietante novela negra, un escenario cultural y social singular, y aderezado con gotas de fantástico y un espléndido rimero de personajes, el autor nos ofrece una apasionante y entretenida narración policial, llena de pasión y aventura.

Quaterni, 2018

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