El caso de los asesinatos Greene. S.S. Van Dine

Cambio de época para un investigador esnob

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Ya conocemos la revolución que experimentó la novela criminal desde el segundo tercio del siglo XX: el investigador de nueva hornada bajó a la calle, abandonando los juegos de salón e intelecto en torno a un cadáver observado con una mirada tan poco emocional que podría pasar por un adorno que, ¡uy, perdón!, el malvado de turno hubiese tirado al suelo. Muchos de los atildados detectives que hasta entonces habían divertido a millones de lectores fueron paulatinamente cayendo en el olvido.

Philo Vance, el esnob y culto miembro de la alta sociedad de Nueva York que ayudaba a resolver casos difíciles a su amigo el fiscal del distrito

Un caso paradigmático es el de Philo Vance, el esnob y culto miembro de la alta sociedad de Nueva York que ayudaba a resolver casos difíciles a su amigo el fiscal del distrito. Creado por el crítico de arte estadounidense Willard Hunting Wright (1888-1939), bajo el seudónimo de S.S. Van Dine, este investigador diletante protagonizó una serie de doce novelas que convirtieron a su autor en un auténtico superventas en Estados Unidos. Las versiones cinematográficas y radiofónicas de los años treinta acrecentaron su popularidad, pero su figura sucumbió rápido a los aires urbanos que despedían las páginas de literatura dura escritas por Hammett y compañía.

Ahora Reino de Cordelia, con nuevas traducciones de María Robledano, está recuperando a Vance para el lector en lengua española, publicando primorosos volúmenes que siguen las ediciones originales. El caso de los asesinatos de los Greene (1928) es el tercer libro de la serie y una oportunidad inmejorable para trabar conocimiento con el personaje. Desde el principio se nos muestra distante e irónico a este apasionado de etnología y la psiquiatría. Su impertinencia, a veces rayana en la crueldad, y su rigidez general funcionan a modo de «muro de cristal impenetrable» (pág. 28). Sus amigos y conocidos, con todo, sentirán siempre admiración por él, y más adelante descubrirán la sensibilidad (bueno, tampoco es excesiva) que escondía el caballero. Es decir, juega en la misma liga de ilustres colegas que hacen gala de la antipatía y la sabihondez, aunque Vance se esfuerza en llevarse la palma. Ahí reside la gracia del personaje.

la clásica aparición sorpresa de un cadáver dentro de cuatro paredes

La novela continúa con la clásica aparición sorpresa de un cadáver dentro de cuatro paredes, en este caso perteneciente a la mansión de los Greene, un lugar donde todos se odian, pero deben aguantarse unos a otros porque el cabeza de familia estableció antes de palmarla que si querían heredar debían antes vivir allí los siguientes veinticinco años. Surgen las preguntas: entonces, ¿leer hoy día las aventuras de Vance se basa en un simple interés historicista? ¿Atrae solo a los muy cafeteros? Pese a ciertas convenciones caducas en demasía, la novela contiene elementos lo suficientemente imaginativos y particulares como para procurar deleite a cualquier lector actual. Merece la pena no perderse a Vance.

carnicería ejecutada sin prisa pero sin pausa que nadie es capaz de detener ni de encontrarle una dinámica lógica

Van Dine concibe la intriga según un desquiciante whodunit. De un solo asesinato se pasa pronto a una carnicería ejecutada sin prisa pero sin pausa que nadie es capaz de detener ni de encontrarle una dinámica lógica. Tiene mérito la mecánica, ya que se merma así drásticamente el número de sospechosos sin que se hayan concentrado las sospechas en ninguno de los escasos supervivientes. Comprobamos, además, que Vance no destaca en realidad por sus dotes deductivas, sino más bien por su perseverancia a la hora de observar cada comportamiento individual, durante días o semanas si hace falta, y por la aplicación de una basta cultura a cualquier aspecto del caso.

un brindis nostálgico por los entretenimientos de antaño

Por último, encontramos una idea con significado muy simbólico y premonitorio, fuera o no consciente el autor de ello, respecto al rumbo que habría de tomar el género. La casa Greene representa una anomalía, «una reliquia del ancien régime de la ciudad» (pág.52), una imposible mansión gótica «que rezuma una atmósfera desfasada de generaciones muertas» (pág. 119)… ¡entre las calles 52 y 53! Exacto, entre las calles que empezaban a ser el meollo de la modernidad y el tráfago neoyorquino. Philo Vance pinta a menudo la situación como si se tratase de una pesadilla romántica donde los crímenes emanan de una morada maléfica casi a lo Edgar Allan Poe. Mientras, sus compañeros sospechan de malhechores salidos de las malas calles. Le acaban dando la razón al investigador (y al propio Van Dine), aunque los lectores parecemos intuir que el caso bien podría suponer una excepción. Que al día siguiente los defensores oficiales de la sociedad volverán a la locura cotidiana. En definitiva, El caso de los asesinos de los Greene se saborea como un buen vino añejo que se bebe tras haber levantado la copa y hecho un brindis nostálgico por los entretenimientos de antaño, previos a la marea hard boiled.

Reino de Cordelia, 2018

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Santiago Alonso

Poemas góticos