Entrevista con Luis Roso

Un inspector en la complicada España de los 50

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De vez en cuando se escucha que todo está ya escrito y que no sale nada novedoso en el noir. Que todos los policías ya están muy vistos y que las historias se repiten… Pues eso no es así, o por lo menos hay excepciones, porque de pronto nos encontramos con las novelas de un joven escritor, Luis Roso, que nos ofrece un personaje fantástico, el inspector de policía Ernesto Trevejo, que huele a lo mejorcito del género, y que tiene los bemoles de situarnos en un escenario nada fácil, como era la España de los 50, blanquinegra y nada glamurosa.

una riqueza de personajes, escenarios y tramas magníficos, muy lejos de los tópicos habituales

Pues en este contexto tan gris, Roso nos regala con un par de novelas, Aguacero (2016) y Primavera cruel (2018) casi canónicas como novelas de intriga criminal, pero que además nos maravillan con una riqueza de personajes, escenarios y tramas magníficos, muy lejos de los tópicos habituales, que, por lo menos a quien esto escribe, le parecieron una auténtica maravilla. Y como en ocasiones anteriores, no pudimos refrenar nuestra curiosidad, por lo que nos pusimos en contacto con Luis Roso para que nos hablara de sus cuitas como escritor y nos desvelara los mimbres que sostienen tan magníficas narraciones.

Entrevista: José María Sánchez Pardo

Fotos: Juan Salvador López

Prótesis: Naces en Moraleja, provincia de Cáceres, en 1988…

Luis Roso: Ya me queda poco para los 30…

P: ¿Qué y dónde estudiaste?

LR: Hice Filología Hispánica e Inglesa. Estudié entre la Universidad de Salamanca y la de Barcelona. En Barcelona estudié con Francisco Rico, Blecua o Carme Riera. Estoy muy orgulloso pues tuve matrícula con Rico en literatura medieval, ¡la única de la carrera! Cuando acabé estuve de profesor en un colegio concertado, y ahora vivo en Ávila y trabajo de profesor en El tiemblo.

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P: ¿Cómo es tu elección de vocabulario y estilo? Usas algunos términos como “funebridad” poco utilizados.

LR: Tengo claro que lo que pongo en los diálogos, tiene que ir de oído. Si a mí me suena bien y alguien lo diría… adelante. En un párrafo es distinto, ahí puedo ponerte términos como “funebridad”, que está en el DRAE.

P: ¿Por qué eliges los años cincuenta?

LR: Los cincuenta fueron una época maldita. Aunque no fue una época tan aburrida. Los cuarenta están marcados por la posguerra o el hambre; fue una época oscura. Mientras que en los sesenta das una patada y te salen cincuenta hippies luchando contra la dictadura. De ahí que eligiera los cincuenta, en los que pasan más cosas de las que parece. Por ejemplo llega el acuerdo con los americanos, y aunque no había aún televisión, pasan muchas cosas. Es una época que queda en tierra de nadie. Por eso elegí el año cincuenta y cinco para estas novelas.

P: ¿Hay alguna motivación personal en la elección de esta época?

LR: No, tengo muy claro que nada de la novela va conmigo. Es cierto que puedo coger una anécdota que me hayan contado. Puedo recoger cosas circunstanciales, pero no hay nada personal o familiar en mis novelas.

P: En tus novelas, das poca información personal de tu protagonista Ernesto Trevejo.

LR: Para Aguacero tenía preparadas tres o cuatro páginas más, un primer capítulo en el que explicaba algo de su vida, como había llegado a ser policía, o por qué tenía el piso de su tía en la calle Fuencarral. Este capítulo lo mantuve durante buena parte de la escritura de la novela, pero llegó un momento en que al repasar estas páginas vi que no aportaban nada y que no iban a ningún sitio y las quité.

P: Has declarado tu admiración por escritores como Delibes, Aldecoa o Laforet. ¿Qué hace que te decantes por novelas de carácter policíaco?

LR: hoy en día se escribe de todo, pero escribir una novela que se salga del molde de lo que vende bien (novela negra, thriller…) es más difícil de encontrar.

Por ejemplo, he estado escribiendo una novela de espías, pero, tras más de un año de trabajo, no la voy a publicar. Tengo la impresión de que si me salgo del molde me va a costar muchísimo más publicarla, y me jode quedarme con una novela de mierda que no vale para nada.

Parece que tenemos la libertad de escribir lo que nos dé la gana. Pero otra cosa es que lo publiquen y lo vendan.

Puedes probar otros géneros, puedes hacer una novela tipo Delibes… pero es difícil. Mira ahí a Jesús Carrasco, con su novela Intemperie. Tiene el trasfondo de Delibes pero también tiene su trasfondo de thriller. Hoy día, una novela como El camino de Delibes, o Nada de Carmen Laforet costaría publicarlas. Es casi imprescindible que haya una muerte o un misterio con descubrimiento final.

P: En cuanto a novelistas de esta línea literaria… ¿qué piensas por ejemplo de Luis Landero o Javier Marías?

LR: De Landero he leído la primera novela, Juegos de la edad tardía, creo que es una de las mejores del siglo en castellano. De Javier marías he leído Corazón tan blanco y Todas las armas, que me gustaron. De lo último, con la saga de la sombra y la lanza no me pongo, me llama menos la atención.

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P: Al transcurrir tus novelas en los años cincuenta, ¿cómo has hecho para ambientarlas? ¿Qué tipo de documentación has recogido?

LR: Por ejemplo, he leído prensa de la época, pero no tanto como la gente se cree. Más que documentación general, me he procurado documentación particular. Para Aguacero me leí cuatro o cinco novelas que transcurrían en esa época, entre ellos El camino de Miguel Delibes, o La colmena de Cela. Para saber quiénes eran los ministros de Franco de 1955, ya tengo la Wikipedia, pero sí deseo saber cómo diría una persona una determinada palabra… para eso eché mano de las novelas. Me leí unos cuantos libros, y con eso empecé. Ya tenía material sobre la vida de la gente, de cómo se calentaba, la vestimenta, en fin las cosas más prácticas. En cuanto a la situación política había leído algún libro, y con eso empecé.

P: ¿Cómo haces para entretejer lo criminal, lo político y las motivaciones personales?

LR: Cuando te pones a rascar sobre la época, y lees periódicos de esos momentos, flipas. Cuando lees las páginas de sucesos del ABC o La vanguardia, te encuentras, por ejemplo, con la noticia de que dos guardias civiles han sido muertos en un tiroteo o que han hallado a una mujer muerta… Enseguida pienso cómo se podría complicar. Es cierto que siempre ha habido asesinatos. Pero yo pienso en cómo puedo complicar esto para que no sea un simple crimen. Y cómo puedo meter el tema político, que puede o no aparecer.

Un hecho muy importante es que en las dictaduras los crímenes siempre se explican por razones políticas, como si no hubiera razones personales. No se tienen en cuenta razones como la venganza o los celos, no hay venganzas, sino que todo se explica desde lo político. Porque se supone que el régimen ha conseguido que todo tiene que ser paz y orden.

Así, si mueren dos guardias civiles, es porque fueron asesinados por unos maleantes o los maquis. Pero no puede ser por razones más personales. O porque la gente está descontenta.

De ahí que ante la muerte de unos guardias enseguida se asume la presencia de una célula comunista. Con lo político siempre de fondo la autoridad tiene todo resuelto. Pero a mí lo que me interesa es lo que subyace. Por eso me pregunto que puede haber pasado, si durante el régimen de Franco aparecen muertos dos guardias civiles y un alcalde.

P: Pues para haberte documentado sucintamente hay detalles en la narración sorprendentes; por ejemplo, al protagonista le ofrecen un pitillo que viene del este de Europa, y comenta que le sabe cómo un rubio nacional. ¿De dónde sacas esa información?

LR: (gran carcajada). Ni idea, me lo inventé. Hay cosas como esa que son cosecha mía… Además, no fumo…

P: Las dos novelas se empapan de la miseria y la sordidez de la época y, por ejemplo, la vestimenta es opaca, sin brillo; excepto en dos personajes, uno en la primera novela, un aristócrata venido a menos, y en la segunda, un homosexual bastante amigo de la juerga y de meterse en líos. Ambos portan una indumentaria rica, y sobre todo muy colorida, que resalta en el tono general gris amarronado de la época.

LR: El primer caso, el de don Fermín Vázquez del Encina Camargo, conde de Mirasierra, es un tipo patético, un aristócrata empobrecido, que se viste de esa forma tan colorida para hacerse el importante. Yo buscaba un cierto personaje, y al describirle es natural que vista así. Es una aristócrata venido a menos, de ahí que lo vista un poco ridículo. Es como el Marichalar o uno de estos, se cree que viste bien, y hace el ridículo. Aunque no se sabe si les sale natural, o lo hacen a propósito. La vestimenta va con el personaje o su personalidad, sea aristócrata u homosexual. El otro caso es distinto es un personaje que da más el cante, no por ser homosexual viste así, sino porque le gusta mucho dar el cante.

P: ¿Cómo fue lo de introducir personajes históricos Federico Sánchez-Jorge Semprún o Ernest Hemingway?

LR: En el caso de Sánchez-Semprún tenía la trama en la cabeza, y quería introducir a Trevejo en el mundo del Partido Comunista. Había leído a Semprún, ensayos y alguna novela Sobre Semprún.

Tengo que hacer un aparte para decir que hay que echarle valor, pues las novelas de Semprún me parecen hechas para escritores con tendencias suicidas. Es mucho mejor escritor de lo que hay hoy en día, es muy bueno, se sabe muy bueno, pero no sabe medir, por lo que su lectura se hace un tanto dura.

Semprún salió al pensar en cómo introducir a Trevejo con el PCE. Lo introduje a partir de un podcast que escuché de documentos de RNE sobre Semprún -yo escucho podcast cuando salgo a correr- y en uno de ellos comentaban de cuando Semprún se infiltró en España en los años cincuenta. Y pensé ¿tendré huevos de meterle en la novela? Pues lo hice, y ha quedado una escena cojonuda. Es mi escena favorita. De todas formas, fue improvisada. Yo tenía la idea de que se tenía que encontrar con un dirigente comunista, y además quería meter a Aparecido, el guardia que sale en la primera novela. Y no en una escena cualquiera… Y entra en una de las mejores escenas de la novela.

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P: ¿Tanto éxito tuvo el personaje de Aparecido?

LR: Mucho, incluso caía mejor que Trevejo. A mucha gente le encantaba su inocencia…

P: ¿Y Respecto de Hemingway…?

LR: Al hacer Filología inglesa, estudié y leí a Hemingway. Es un escritor-personaje que siempre me ha fascinado. Con su relación de amor-odio con España, su paso durante la República… Es un personaje que me fascina más que me gusta. Y además hay un homenaje que casi nadie se ha dado cuenta… el nombre del protagonista, del inspector Trevejo, es Ernesto… por Hemingway. Esto es una primicia que te estoy dando. Antes de escribir Aguacero escribí varias novelas, unas acabadas y otras no, y en una de ellas, un relato largo, también el protagonista se llamaba Ernesto. Y lo saqué mirando a mi estantería… ¡es que se me da muy mal el tema de los nombres! Yo tengo clara en la cabeza una escena, pero a mí hacer la ficha de los personajes me mata.

Además, en lo referente a hacer una biografía de Trevejo, ya te comenté que tenía un primer capítulo en el que contaba sobre su vida, pero preferí dejarlo, pues su vida no es interesante. Yo quería un protagonista distante de los casos que investiga, aunque luego se implique, o se enamore. Que sea una persona desvinculada: hace su trabajo y se pira.

P: ¿Qué tipo de literatura te gusta leer?

LR: Me gusta de todo. Por mis estudios de Filología Hispánica e Inglesa, he tenido que leer muy variado. Incluso escribí algo de poesía hace muchos años. Pero al final, yo leo de todo; cuando estudiaba, me sorprendían esos compañeros de estudios que sólo leían poesía postmoderna, es algo que no puedo entender.

P: En tus novelas, pese a la presencia de la dictadura, hay mucho ejemplo de convivencia…

LR: Cuando antes te decía que no he usado nada de mi familia, es cierto. Pero, por ejemplo, mi abuelo, que era un hombre conservador y de lo que podríamos llamar de derechas, y que no tenía ni papa de política, era capaz de llevarse muy bien con todo el mundo, fueran gitanos o marroquíes. Tenía un pequeño hotel, y tengo fotos de chico con los toreros que pasaban por nuestro hotel. Tengo el recuerdo de los guardias civiles que pasaban por allí y también de la buena relación con otra mucha gente. Al final tenemos que vivir juntos y, aunque el odio esté, hay que vivir.

P: Hablas del franquismo en las ciudades y desde la Puerta del sol… pero enseguida te vas al campo o a los suburbios…

LR: Yo no soy de Madrid, aunque al empezar Aguacero me vine a trabajar a Madrid. Al principio me impresionaba Madrid, pero yo me siento más cómodo en un ambiente como Ávila, aquí no estoy mal. No sé si sabría hacer una novela completamente en Madrid, me siento más cómodo en un ambiente rural, Aguacero es como un viaje a un pueblo. Los escritores escribimos de lo que conocemos, no te puedes plantear escribir sobre un lugar que no conoces, te puedes documentar, sobre lugares o épocas, puedes usar documentación o Google maps, pero yo no me siento cómodo.

P: En Madrid sólo sacas lugares típicos: Puerta del sol, Gran vía, Plaza de Oriente…

LR: Hombre… la DGS estaba en la Puerta del sol; pero es verdad que Madrid no lo conozco tanto. Las escenas en Barcelona sí tienen más conocimiento pues allí viví dos años… ¡Incluso me llevo a Trevejo a ver Santa María del Mar!… y eso que le decepciona.

Las mujeres se tienen que salir de la norma. En una novela ambientada en los años cincuenta, no hay mujeres en puestos de poder, de ahí que cuando aparecen tienen fuertes intervenciones

P: Los personajes femeninos de tus novelas tienen personalidades y comportamientos muy marcados.

LR: Ten en cuenta que varones en proporción hay muchos más en el texto. Por ello las mujeres se tienen que salir de la norma, por ejemplo la que estudia en la primera novela, es Josica, la que se hace novia de Aparecido, el guardia civil. En las novelas hay muchas menos mujeres por pura lógica. En Aguacero hay una escena que sirve de ejemplo: es cuando están en la presa… que están el alcalde, el capitán, el cura, el detective; hay como siete u ocho machos, ahí no puedo poner una mujer. En una novela ambientada en los años cincuenta, no hay mujeres en puestos de poder, de ahí que cuando aparecen tienen fuertes intervenciones, tienen algo que decir. Podrían ser más grises, pero si aparecen en la trama se tiene que notar su presencia.

P: En tus libros los miembros de la Iglesia católica no salen muy bien parados…

LR: La Iglesia en aquellos años es que era así. Lo de los curas rojos es muy posterior. La Iglesia hoy en día no es lo mismo, pero mantiene unas actitudes a veces reaccionarias. Y eso que hay de todo, he conocido curas, por ejemplo en el colegio concertado donde he estado trabajando, mucho más progresistas que los de aquellos tiempos. Pero en aquella época esa vena reaccionaria estaba ahí. En los años cincuenta ese tipo de curas era lo habitual. Realmente, Trevejo sí que es más duro con los curas, pues yo soy más light, a mí los curas no me molestan, mientras ellos no me molesten a mí o a mi gente.

P: Una pareja de personajes muy interesante en Primavera cruel son Olegario, el payés iletrado de Lérida, y María, la burguesita estudiante barcelonesa, unidos por su adscripción al Partido Comunista.

LR: Porque es la dupla catalana por excelencia. La Cataluña interior, o de pueblo, y la otra, de ciudad. Cuando escribí Primavera cruel, para el personaje de María tenía en la cabeza la novela de Marsé, Últimas tardes con Teresa, donde aparece la chica burguesa, refinada con estudios y, en contraposición, el chico del pueblo. Por distintos motivos, se aúnan en su enfrentamiento al régimen, pero luego no tienen nada que ver. Por el tiempo que he pasado allí estudiando, y por mi chica que es de Lleida, tengo visto aquello, y te sigues encontrando con la Cataluña con su clase burguesa y con la del pueblo, que ahora circunstancialmente se pretenden aunar alrededor del nacionalismo independentista, y que yo usé en mi novela alrededor del comunismo.

P: En tu segunda novela un personaje muy sonado es el del asesino Román Alonso Cuevas, alias el Corvo…

LR: Corvo sí que es literario. Todos los demás personajes son más realistas, pero éste sí que va a ser un tío malo con toda la intención; es un personaje de novela, por todos los lugares en que está, las cosas que hace y el miedo que infunde a todos…

P: ¡Y le dejas escaparse!

LR: Sí, pero no sé si lo volveré a sacar. Es un superviviente, ha pasado todas las fases: sindicalista, activista, asesino o sicario. Me sirve como la Némesis de Trevejo.

P: Con todo, tu novela logra una relativización de la gente comunista. Humanizas las actitudes heroicas.

LR: Es normal. Pues más allá del compromiso político, cada uno es como es, y la situación era muy jodida y peligrosa, por lo que cada uno hace lo que puede. No todo el mundo da para héroe.

P: Leyendo las peripecias de Trevejo, lo mal que le alojan en las novelas, cuando tiene que ir por ahí a investigar, me vino a la cabeza la situación de los policías nacionales en la movida del otoño pasado en Cataluña.

LR: Lo pensé cuando vi en las noticias lo de los policías en Barcelona. En aquella época ¿dónde iban a meter a un policía? ¡Si no había hoteles de cinco estrellas!

P: Durante buena parte de la narración todo es muy sucio… el protagonista va siempre hecho un asco.

LR: (carcajadas) La España de la época era así… y todavía hoy eso se ve. El protagonista va con su único traje desde Madrid. Y sufre la lluvia y el barro, ¿quién le va a dejar un traje en un pueblo? Son detalles que no se pueden ocultar.

P: ¿Con qué personaje te quedas?

LR: Además del protagonista, obviamente con el Corvo, como personaje literario. Y entre los secundarios, con el alguacil del pueblo de Lleida que aparece en Primavera cruel. Es un hombre con cierta cultura, apartado en un pueblo recóndito, y que habiendo tenido cargos durante la República, tiene que vivir apartado.

P: ¿Cómo vas armando tus novelas?

LR: De forma muy casual y esquemática. Por ejemplo, el esbozo de Primavera cruel lo hice un mes después de salir Aguacero; en una cafetería de Don Benito, estaba esperando para una entrevista de trabajo, y en un papel escribí el esquema de la novela: lo de El Pardo, el comunismo, el asesino… vino todo de golpe. Después fui integrando otros materiales, como la presencia de Federico Sánchez, pero el esquema ya estaba hecho.

P: Ambas novelas tienen varios finales: uno más público y social, y luego otro más cercano a la verdad.

LR: Es cierto. Por ejemplo, en Aguacero el final está en la frase final. En Primavera cruel, quería otra cosa… quería un final que fuera cayendo tranquilamente, sin tiroteos, en homenaje a Semprún y Hemingway, que aparecen en la última escena. Tras la gran investigación prefería algo así, como en decrescendo.

P: Tu personaje, Trevejo tiene un punto marlowiano. Hay quien le ha comparado con el personaje de Bernie Gunther, el policía de las novelas de Philip Kerr…

LR: Yo uso mucho la ironía y la retranca… Trevejo tiene mucha ironía, y es de respuesta rápida y cínica, pero Trevejo no es Gunther, no se la juega como el alemán, que en algunos momentos te choca que con las cosas que dice no lo fusilen o le peguen una manta de hostias en cada novela. Es cierto que Trevejo tiene buenas respuestas y podía haberle metido más ocurrencias, haber metido diez o quince más, pero Trevejo es más discreto, es un policía en un régimen muy jodido, y si te pasabas te lo podían hacer pagar caro.

P: Pero tiene salidas como ésta, cuando un detenido intenta justificar sus crímenes y dice:

“Nuestro amor fue intenso e instantáneo.”

Y Trevejo le responde:

“Como el chocolate en polvo…”

LR: (risas) Es verdad, Trevejo es un tipo cortante. Es un policía que no es un personaje ni omnipotente ni omnisciente, que no tiene por qué saberlo todo ni interesarle todo. Por ejemplo, si le parece que no viene al caso, está hablando alguien y se pira y le deja con la palabra en la boca. Eso ocurre, por ejemplo, en Aguacero, donde el aristócrata le habla y se pira. Su idea es de que “yo vengo a lo que vengo y no me cuentes rollos”. Otro ejemplo es el que citas, el del chocolate instantáneo, donde no deja enrollarse a los malos y les mete grandes cortes.

En cuanto a la creación de personajes, son míos excepto Semprún que es histórico, los demás me los inventé. A Philip Kerr lo conocí en Valencia, pero los libros de Gunther los leí después de escribir las dos novelas de Trevejo. Y me están gustando mucho.

Es cierto que ambos se desenvuelven en un ambiente ominoso, y aunque los dos tienen salidas rápidas, Trevejo es más cuidadoso, se calla más, pero piensa.

Para los personajes no he cogido de ningún lugar, tampoco hay tantos genotipos de personas.

P: Trevejo … ¿es un personaje de acción o de reflexión?

LR: Si lees con cuidado, enseguida le sacas acción y reflexión. Realmente, está en medio. Aunque un poco más hacia la acción. Si lo precisa, tira de pistola. Pero tampoco se lanza a pegar tiros o pegar porque sí.

P: En tus novelas te cargas o haces desaparecer secundarios que prometían para futuras entregas… si las hay.

LR: Es la vida. No tengo pensado si voy a usar a esos secundarios. No lo pienso en términos de serie.

P: ¿Va a haber tercera entrega de Trevejo ?

LR: No se sabe. Creo que habrá. Ahora no estoy en ello. Estoy con otra cosa. El problema es que tengo poco tiempo. Mucho trabajo durante la semana, y no me puedo poner los fines de semana… (risas). A ver cuando empiece a nevar en Ávila.

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Esta entrevista se realizó en la librería Estudio en escarlata de Madrid, el sábado 6 de octubre de 2018. Queremos expresar nuestro agradecimiento a los propietarios de la librería por las facilidades que nos dieron, y el tiempo y espacio que nos procuraron para poder llevar a cabo esta apasionante conversación.

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