Crímenes a la francesa: una antología. Mauro Armiño (ed.)

Esclarecedor repaso por la literatura francesa de crímenes, desde el siglo XIX a principios del XX

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La editorial Siruela, que en su colección Biblioteca de clásicos policiacos, ha tenido grandes aciertos a la hora de ofrecernos joyas olvidadas o ignoradas en España de la novela detectivesca, con su última propuesta, la antología Crímenes a la francesa, se apunta uno de los más importantes.

disfrutar con mayor conocimiento de los relatos que después nos ofrece

Se trata de una recopilación de relatos de escritores franceses que tienen el crimen como tema central. Los autores son en algunos casos grandes figuras de la literatura francesa, como Balzac, Dumas, Maupassant…; en otros, los escritores son prácticamente desconocidos para la mayoría de los lectores españoles, como Jean Richepin, Paul-Louis Courier, Jules Lermina, Alphonse Allais… También se podría hacer un tercer grupo con autores como Émile Gaboriau, Gaston Leroux y Maurice Leblanc, que no sólo destacan por tratar temas criminales en un aspecto genérico, sino por ser ya grandes nombres dentro del género concreto de la novela detectivesca.

Son veintiún relatos que abarcan desde 1807, fecha del primero de ellos, Carta desde Calabria, de Paul-Louis Courier, a El hombre de la piel de cabra, en el que Maurice Leblanc, a través de su famoso personaje Arsène Lupin, rinde un declarado homenaje al precursor de la novela detectivesca, el Monsieur Dupin de Edgard Allan Poe (y no podemos dejar de hacer notar también la similitud de los apellidos, Dupin-Lupin, que parece evidenciar otro homenaje de Leblanc a Poe). Este relato, que pone fin a la antología, es ya de 1927, década en que se inicia la Edad de Oro de la novela policiaca -que durará hasta los años cuarenta- que es el momento en el que el antologista considera que se inicia un nuevo tipo de novela detectivesca y policial diferente a la que en los años anteriores se había dado en la literatura francesa y que se concreta en el cambio del gusto por el suspense a una marcada inclinación por la novela negra, según explica Armiño en el muy recomendable prólogo de esta Antología.

Precisamente, su prólogo es otro de los grandes atractivos de este volumen, pues nos regala un esclarecedor repaso por la literatura francesa de crímenes, desde el siglo XIX a principios del XX, que disfrutar con mayor conocimiento de los relatos que después nos ofrece.

Quien disfrute de esta Antología estará de acuerdo en que cada uno de los relatos deja una perdurable impresión en el lector… desde La grande Bretèche, de Balzac, o El Mateo Falcone,  de Mérimée -relatos ambos escalofriantes que hielan el corazón del lector-, a El barrilito, de Maupassant, o Las bocas inútiles, de Octave Mirbeau, terribles ambos en la cotidianidad de sus crímenes motivados por la avaricia campesina, a los más detectivescos de Gaboriau o Leblanc, pasando por los que presentan cierto humor negro o esperpéntico como ¡Pobre Césarine!, de Alphonse Allais, o La cena de los bustos, de Gastón Leroux… y así podríamos seguir hasta completar la relación de los veintiún relatos, que ninguno es desechable ni dejará indiferente al afortunado lector que consiga hacerse con esta Antología.

Gran literatura y gran entretenimiento… más no se puede pedir. Bueno, sí, quizá se pueda pedir una Antología similar con crímenes a la española, sugerimos, pensando, por ejemplo, en algún relato terrible como el El clavo, de Pedro Antonio de Alarcón. Que esta claro que el crimen traspasa fronteras y está unido a la condición humana, sea cual sea su país o lengua de origen.

Siruela, 2018

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José María Sánchez Pardo

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