Una bala en la cabeza. Matz. Colin Wilson.

Aparentemente pausado, sube despacio de revoluciones con diálogos que recuerdan a Higgins, Tarantino…

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Louis y Jimmy están encargados de aseinar al Senador Sterling y a la prostituta menor de edad con la que ha quedado. Philip y Perry son los policías encargados de esa escena del crimen en concreto. Todos, junto con el periodista Frank Birelli que había acudido al olor de noticias escandalosas y frescas, se sorprenden cuando todo se barre bajo la alfombra, se publica una nota de prensa falsa y se pasa la investigación del FBI. El problema es que Birelli no se queda quieto, otro problema es que el jefe de Louis y Jimmy empieza a hacerse preguntas y la madeja acaba por liarse.

Matz (nom de plume que el francés Alexis Nolent utiliza para firmar sus guiones de cómic) crea un thriller cuyo ritmo, aparentemente pausado, sube imperceptiblemente de revoluciones a través de unos diálogos que recuerdan mucho a George V. Higgins o a Tarantino, creando personalidades sólidas, química entre los diversos personajes y siendo los cimientos sobre los que se construyen sin descanso los giros, alianzas y traiciones que vemos a lo largo de esta “buddy story” (no es difícil entender por qué Walter Hill llevó a cabo su adaptación a la gran pantalla y, tiempo después, colaboró con el mismo Matz a la hora de guionizar los más recientes “Balas Perdidas” y “Cuerpo y Alma”).

Su mayor mérito viene de la gestualidad conque dota a los diferentes personajes

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Ese carisma que desprenden todos los policías, asesinos y periodistas que desfilan a lo largo del cómic (especialmente Jimmy y Philip) nos hace más digeribles los temas que quedan al fondo de la obra. A poco que miremos se nos revelan las connivencias entre el poder político, el empresarial y las mafias (cuyas actividades son la continuación de los negocios por otros medios con menos focos que los alumbren ante la opinión pública), la descoordinación entre las diferentes fuerzas policiales y los fácil que resulta su infiltración, así como que los criminales y los policías sólo son en muchos casos caras de la misma moneda. En esta historia se salvan sólo la prensa y la policía convencional, que funcionan a ras de suelo como contrapoderes, gracias a individuos concretos, sin idealizaciones y que solo llevan a cabo heroismos debido a las circunstancias en las que se ven mezclados.

unabalaenlacabeza_03.jpgTodo esto se ve ilustrado por Colin Wilson, dibujante más bien clásico que realiza las planchas de la historia de una manera clara y que huye de los lucimientos superfluos. Su mayor mérito viene de la gestualidad con que dota a los diferentes personajes, que recuerda mucho a la de Eduardo Risso (aunque apoyándose más en el color de Chris Blythe que en las sombras, como tiene por costumbre el argentino). El único pero que se le puede poner al dibujo sería el de estilizar un tanto los momentos de violencia que salpican el relato, no mostrándolos tan desagradables como podría (lo cual parece ser la intención de Matz ya que, al fin y al cabo, por muy bien que haga que nos caigan Louis y Jimmy siguen siendo asesinos a sueldo que no dudan en matar a inocentes o a familias para conseguir sus objetivos).

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En España la obra ha sido publicada por DeBolsillo en formato de bolsillo (no es broma) haciendo que las páginas, pensadas para un tamaño de BD francobelga, se reduzcan excesivamente y que el arte sufra con ello. Con un poco de suerte, y vista la colaboración del guionista con el mundo del cine, quizá se recupere en el futuro en una edición con un tamaño más acorde a la calidad del contenido.

Debolsillo, 2012

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Miguel Ángel Vega

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