El sol verde. Kent Anderson

Oakland está sumida en la miseria y la violencia

sol verde

Hanson deja su trabajo de profesor de literatura en una pequeña universidad de Idaho, para reintegrarse a la vida policial, en esta ocasión en el Departamento de policía de Oakland. Aunque ya tuvo una experiencia anterior como policía en Portland, le obligan a pasar por toda la formación como si fuera un novato.  Y Hanson no es un novato. Estuvo enrolado en los cuerpos especiales en Vietnam, fue patrullero policial en Portland, y es un hombre con experiencia y cultura. Con sus 38 años, no es un pobre novato. Todo esto le acarrea problemas con sus mandos, e incluso con sus compañeros, pues se da cuenta que en este departamento de policía se valora por encima de todo las actuaciones violentas y la contundencia en las intervenciones policiales.

un trabajo durísimo, siempre cuestionado, pudiendo evadirse solo
con su silencio, sus lecturas y el alcohol

Todo esto lleva a que Hanson sea no sólo mirado con lupa, sino que es asignado a las zonas más violentas y peligrosas de la ciudad. Pues nos encontramos en 1983, y buena parte de Oakland está sumida en la miseria y la violencia. Tiene poco que ver con la rica y moderna San Francisco, que aun estando al otro lado de la bahía, es como un mundo aparte.

Nuestro protagonista tendrá que lidiar con mil y una vicisitudes criminales y de orden público, en muchos casos con duras agresiones o con estallidos de cólera personal o social inquietantes. Ante estos episodios Hanson despliega una serie de intervenciones singulares, poco habituales, que le granjean la atención de la población y el rencor de sus jefes.

Pero Hanson no es ningún pacifista, ni un hombre que esté libre de reacciones agresivas. Es un hombre atormentado desde su paso por Vietnam, donde considera que quedó su alma, y desde entonces se siente un hombre muerto y sin rumbo.

La novela no se articula alrededor de la resolución de un caso o un misterio, sino que se nos van ofreciendo diversos episodios policiales, en los que nos sorprenderá las soluciones propuestas por este atípico policía, y seguiremos su devenir como persona, en un trabajo durísimo, siempre cuestionado, cuando no puteado por sus jefes y compañeros, en los que sólo puede evadirse de todo esto con su silencio, sus lecturas y el alcohol.

Sus itinerarios por la ciudad nos llevarán a conocer a múltiples personajes que nos llamarán la atención, entre los que destacan el narcotraficante Felix Maxwell, con el que establecerá una extraña relación en la que preguntarse por el sentido de la vida es uno de los varios temas que tendrán de conversación. La relación que establece con Libya, una negra de la ciudad, no hará más que darle problemas, pues el racismo no está excluido en su departamento policial. Y finalmente sus encuentros con Weegee, un chico de la calle, permitirán a este hombre solitario y sufriente, engancharse de nuevo a la vida y sus criaturas.

La narración nos hace acompañar a un hombre doliente y desnortado, que tiene que dar cumplida razón de su placa, y que nos enseña como un hombre abrasado por la violencia y la ira, es capaz de reconducirla para que la vida no sea un cúmulo de violencia y dolor. Pero esto no es fácil, y el desgarro del protagonista es doloroso, llegando a momentos en que aparecen incluso momentos casi surrealistas.

La combinación de historia personal, de recuerdos terribles, de acciones sorprendentes, y la aparición de personajes impactantes, se va dosificando a lo largo de la narración, de forma que siempre estamos pendientes de lo que va a venir o nos genera la expectativa de algo terrible o gratificante por suceder.

Hay que destacar también el durísimo documental que se hace de la vida cotidiana de un importante segmento de la población de Oakland, donde la violencia, la miseria, y el racismo, se conjugan para crear un caldo de cultivo de salvajismo y de ferocidad que corroe las estructuras familiares y sociales de la comunidad. Aquí se nos muestra el patio de atrás de la dorada California reaganiana, que no tiene nada que envidiar a otras ciudades del norte o este de los EEUU. Una novela diferente pero dentro de los cánones de las mejores novelas del noir.

Alianza, 2018

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José María Sánchez Pardo

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