Primavera cruel. Luis Roso

Poderosa narración criminal con una magnífica ambientación histórica

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Un cadáver aparece junto a la tapia del monte del Pardo. Está armado y al revisar su documentación, aparece como simpatizante del PCE.

Estamos a mediados de los años 50, y aunque el muerto se encuentra a unos 10 kilómetros de la residencia del dictador Franco, se disparan todas las alarmas policiales por si el Jefe del Estado hubiera podido sufrir un atentado. Desde la DGS se pone al frente de la investigación al inspector Ernesto Trevejo que, acompañado de otro inspector, uno los enchufados por su comisario, debe dar luz a una historia muy compleja, en la que nada es lo que parece, y que le obliga a bucear en historias y personajes previos a la misma II República.

un policía que intenta ser honrado y cabal
y no ser un canalla, como otros muchos

Siguiendo los pasos del protagonista, la historia nos llevará desde los barrios populares de Madrid, a Barcelona y sus alrededores, pasando por un pequeño pueblo de Lérida.

Pero la investigación del inspector Trevejo no sólo es un viaje físico, también es un viaje social, en el que veremos cómo se las tenían entre familias que sostenían el régimen franquista, se nos dará idea del catalanismo rústico y un tanto ultramontano de la Cataluña profunda o se nos mostrarán los muy diversos personajes que poblaban las bases del PCE, y sus no siempre fáciles relaciones.

Esta novela no sólo hace un estupendo retrato de época, sino que es una poderosa narración criminal, con mil vicisitudes y giros de trama, en la que vamos de sorpresa en sorpresa, y como si peláramos una cebolla, el autor nos va ofreciendo soluciones, hasta el último nivel o solución definitiva. Además mezcla admirablemente, motivaciones pasionales, argumentos económicos y aspectos ideológicos en una trama compleja pero brillante, que combina muy diversos elementos, lo que no deja de ser un reflejo de la compleja estructura que conforma la personalidad de cualquier ser humano.

El autor no sólo nos muestra la época de los cincuenta. Por razones de trama, el relato engarza con los años 20 en Barcelona, un tiempo casi gansteril, en el que los pistoleros de la patronal y de los trabajadores regaron de sangre sus calles. Este juego entre pasado y presente se maneja tanto en la acción como en las motivaciones últimas que sustentan los diversos asesinatos que se van a ir produciendo a lo largo de la narración.

La ambientación física y social es impecable, y es de reseñar la sensación de que el autor no cae en maniqueísmos ni tópicos. Sin perder de vista el control policial de la sociedad y la pobreza rampante que aflige a buena parte de la población, nos sorprende con imágenes y personajes que juegan a salirse de los clichés que parecen tener que cumplirse. En esta escenografía son brillantes las presencias de personajes históricos de la época, de los que además da una visión singular.

Como no podía ser menos, uno de los elementos más brillantes en la novela es la personalidad y las acciones de su protagonista, el inspector de la Brigada criminal de la DGS, Ernesto Trevejo, que ya nos fue presentado en una novela anterior, Aguacero, y que resulta un policía que intenta ser honrado y cabal, y no ser un canalla, como otros muchos policías que aparecen en la novela, sobre todo los miembros de la ominosa Brigada político-social. Pero eso no lo convierte en un personaje estupendo, políticamente correcto. Es un hombre duro, con sus contradicciones, y que sabe que tiene que vivir en un medio ambiente rastrero, corrupto y servil. Para no volverse loco o encanallarse tira de ironía, inteligencia y silencio, con unas gotas de cinismo y retranca marlowiana. Como personaje que tiene que vivir en un ambiente hostil nos recuerda las estupendas novelas de David Serafín, y su personaje, el comisario Bernal, que tenía que sortear como policía criminal, las cornadas del mundo político social de los convulsos años postfranquistas.

Con todos estos elementos, esta novela es una poderosa narración criminal, con una magnífica ambientación histórica, con personajes a recordar, y que resulta una de las propuestas más interesantes en novela negro policial de los últimos años.

Ediciones B, 2018

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José María Sánchez Pardo

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