La matanza de Texas (1974)

Tobe Hooper revolucionó el miedo

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Suele atribuirse a la cuasi mítica figura del asesino en serie Edward Theodore Gein, más conocido como Ed Gein, una clara influencia sobre The Texas Chain Saw Massacre, el filme que en 1974 dirigiera el reciente y tristemente desaparecido Tobe Hooper. Más en concreto, sobre el (esta vez sí) mítico personaje alrededor del cual pivota la tremebunda ficción que narra la película, el temible Leatherface, traducido como «cara de cuero».

El particular gusto de aquel por secuestrar víctimas para colgarlas, eviscerarlas y utilizar su piel a modo de confortable tejido para la intimidad del hogar, por un lado, y la rutinaria costumbre de robar cadáveres de féminas con el fin de fabricar ceniceros y otros utensilios caseros con sus cráneos, por el otro, lo emparenta de forma directa con los quehaceres de la demencial familia que preside este relato y, ante todo, con el primitivo personaje cuya interpretación hubo de sufrir el actor de origen islandés Gunnar Hansen.

una grotesca composición del horror

Pero si esta cinta ha pasado a la historia del cine de terror y, por ende, a la Historia del Cine, es por motivos ajenos a la realidad, o cuando menos la entendida en sentido estricto —aquí, el desempleo provocado en zonas rurales por la progresiva industrialización de los mataderos—, demostrando la valía del arte como elemento único para subvertirla o acaso merodearla, siempre que se formule desde la genialidad. Pese a su escaso presupuesto, las dificultosas condiciones de rodaje —un calor próximo a los cuarenta grados durante el verano de 1973, en el interior del estado de Texas (EEUU)— y la inexperiencia del entonces joven realizador, Hooper fue capaz de revolucionar la concepción del miedo del espectador, introduciendo una marca de estilo —el psicópata truculento y enmascarado, ampliado al gran público a partir del canon ya instaurado en la década anterior por los gialli italianos, en concreto por el genial Mario Bava— que se reproduciría e imitaría hasta la saciedad en el cine moderno a través del (sub)género del slasher, propio de los estadounidenses pero acogido a nivel global.

El filme se sitúa en la liga de los referentes inexcusables, junto a títulos como Psycho (Alfred Hitchcock, 1960), La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) o La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), donde la disputa es el cambio de paradigma del terror clásico al moderno, de la (provechosa) imaginación del monstruo novelado a la virulenta expresión física de su retorcida psicología a partir de los mensajes que lanzaba una realidad adulta, desviada, atormentada y mutante, en perfecta sincronía con los cambios sociales de la segunda mitad del siglo XX.

La elevada e incómoda capacidad de sugestión desde el minuto uno de proyección —con los planos detalle que recorren el rostro descompuesto de esos cadáveres que, unidos, conforman una grotesca composición del horror—, su progresivo y extraordinariamente detallado sentido de la amenaza —los extraños lugareños que merodean en la zona; el armadillo, muerto y ensangrentado, que yace sobre la carretera; el autoestopista demente que adelanta el espanto que está a punto de cebarse con el grupo de excursionistas que pasaba por allí; la manifiesta, repugnante suciedad palpable en la casa de los horrores—, su demencial banda sonora a base de chirridos electrónicos y una angustiante percusión y, sobre todo, la explosión de inaprensible locura que atormentará hasta un extremo próximo al delirio al personaje de Sally (Marilyn Burns), sin recurrir siquiera a la mostración de aquella violencia más explícita —los cortes de motosierra acontecen siempre fuera de plano—, hacen de La matanza de Texas un artefacto del miedo perfectamente planificado y dolorosamente efectivo en su ejecución bajo una textura de imagen documental.

Una asfixia del estado de ánimo del espectador que permanece adherida a su retina, danzando en pestilentes círculos infinitos pese a haberse fundido a negro hace más de cuarenta años.

Roberto García-Ochoa Peces

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crimenes-celebres.jpgTit. Orig: The Texas Chainsaw Massacre. Año: 1974. País: Estados Unidos. Director: Tobe Hooper. Guión: Tobe Hooper, Kim Henkel. Música: Tobe Hooper, Wayne Bell. Fotografía: Daniel Pearl. Intérpretes: Marilyn Burns, Paul A. Partain, Edwin Neal, Jim Siedow

El crimen no necesita de mayor justificación. Simplemente nos fascina e hipnotiza, nos atrapa, nos obliga a seguir mirando…El equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de las mejores películas célebres y sangrientas.

Este ensayo colectivo ha sido realizado por el equipo para el monográfico Crímenes Célebres, editado por Reino de Cordelia en 2018