Y de Yesterday. Sue Grafton

Adolescentes que juegan con lo extremo

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En esta novela, que parece será la última entrega de sus aventuras, Kinsey Millhone es contratada por los padres de un joven que acaba de salir de prisión para que se enfrente a un chantaje al que está siendo sometido su hijo.

Las pesquisas de esta tenaz investigadora se centrarán en los dramáticos sucesos que acontecieron años antes y que provocaron la muerte violenta de una joven y la desaparición de otro.

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La novela intercala la narración de dichos sucesos del pasado con las pesquisas de Kinsey, gracias a las cuales conoceremos la situación actual de los protagonistas de aquellos sucesos criminales.

angustias, inseguridades y máscaras que esos muchachos asumen
para afrontar el frenesí de pasiones y sentimientos

En paralelo, la gran investigadora de Santa Teresa tendrá que enfrentarse con un asesino especialmente perverso que tiene la firme determinación de acabar con la vida de nuestra detective. Esta subtrama es fruto de un caso anterior de Kinsey y se entremeterá continuamente durante las pesquisas del caso central, provocando escenas de gran suspense y violencia que darán picante a la narración principal, en la que Kinsey hace más bien de guía de unos hechos complejos y cargados de gran dramatismo.

La narración detectivesca principal permite a la autora relatarnos con detalle y hondura una historia de adolescentes que juegan con lo extremo. Grafton describe con acierto las angustias, inseguridades y máscaras que esos muchachos asumen para poder afrontar el frenesí de pasiones y sentimientos en el que están sumergidos.

La entrega en pequeñas dosis de las diversas historias que forman la novela está muy bien lograda, y va creando un clímax que explotará en las últimas páginas. Como ha sido propio de ella en toda la serie que le ha dedicado a Kinsey Millhone, Grafton logra tenernos en ascuas hasta un sorpresivo final que no defrauda a sus lectores.

Para esta investigación, la inquieta Millhone se rodeará de buena parte de los diversos personajes que han ido apareciendo en la saga; por supuesto, su vecino y casero Henry y la bizarra restauradora húngara Rosie y su hipocondriaco marido; pero también da juego a familiares, vagabundos, policías o una amiga de una compañía de seguros con la que tuvo tratos profesionales.

Lamentablemente, aunque no hay despedida formal, esta será la última entrega de esta fantástica serie, pues su autora falleció en diciembre de 2017, parece ser que sin culminar con la última letra, la Z, su admirable abecedario del crimen, iniciado con A de adulterio allá por 1983.

Aunque nos quedemos sin saber cómo se hubiera titulado la entrega correspondiente a la letra Z, la mayoría de sus admiradores seguramente preferimos eso a un “sorpresivo descubrimiento” de un ignoto manuscrito en aras de intereses crematísticos familiares y editoriales (a la manera de lo que sucedió con Batya Gur) que pueda ensombrecer el recuerdo de este maravilloso alfabeto criminal que tantas satisfacciones nos ha deparado.

Grafton ha muerto, pero nos ha dejado una de las series policiacas canónicas de los últimos treinta años, con uno de los personajes femeninos más valientes, divertidos, creíbles y entrometidos del género detectivesco.

De la mano de Kinsey Millhone conocimos el lado más oscuro de la California de los ochenta, que no sabe si ser hippyprogre o reaganiana. Y, sobre todo, Grafton, como su admirado Ross Macdonald, nos regaló con una serie de historias personales y familiares de gran sutileza y hondura humana; unas historias que hacen callar a esos necios críticos que acusan a la novela negra de insustancial o de tener poca profundidad.

Además, como un plus especialmente gratificante, hemos tenido la fortuna de poder leer toda la serie y en orden, cosa bien rara en el caótico mundo editorial español; por ello hay que felicitar -y dar el pésame por la mutua pérdida- a Tustquets editores que apostaron por esta serie y supieron no fallarnos a los rendidos admiradores de la peleona y maravillosa detective californiana.

Lamentablemente Sue Grafton ha muerto, pero vive, por siempre, Kinsey Millhone.

Tusquets, 2018

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José María Sánchez Pardo

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