En la palma del diablo. Mathieu Mariolle. Kyko Duarte

Nadie es quien parece ser, mucho menos quien dice ser

Un rompecabezas fluido y coherente

Hollywoodland, 1946. Entre los neones de la ciudad de los sueños de cartón piedra ha surgido un nuevo productor cinematográfico, William Lawford, antiguo combatiente de la Segunda Guerra Mundial e hijo de un productor enriquecido con negocios poco claros, ha vuelto para labrarse una carrera lejos de la sombra de su padre. Lo que nadie sabe, ni la policía ni los gángsteres que manejan el negocio del cine bajo cuerda, es que en realidad es un agente especial del FBI con la misión de desenmascarar los negocios de Bugsy Siegel. Su relación con éste en un Los Ángeles que, entre el asesinato de la Dalia Negra y la caza de comunistas emprendida por J. Edgar Hoover, es una caldera a presión llamará rápidamente la atención del inspector Meltzer justo cuando empiezan a aparecer cadáveres relacionados con el mundo del cine. 

Mathieu Mariolle (1978, París), usa el Hollywood clásico y algunas de sus miserias como trasfondo de un juego del ratón y el gato a tres bandas entre Lawford, Siegel y el inspector de policía Meltzer, donde nadie es quien parece ser, mucho menos quien dice ser y siempre rodeados de la industria del cine, donde todo es otra cosa diferente a la que aparece en el producto final. Así, Lawford, junto a su antiguo amigo Max, empezará a buscar una historia que apadrinar, a hacer castings y a acudir a las fiestas donde la gente guapa del momento alterna negocios con diversión sin que se sepa dónde empiezan unos y otros. Mariolle, consciente de que está construyendo la historia con un personaje histórico en su centro, empuja rápidamente la trama de un punto a otro engrasando el mecanismo con unos diálogos milimétricos que trazan las diferentes personalidades y motivaciones del reparto haciendo que el rompecabezas sea siempre fluido y coherente, tanto con su lógica interna como con los datos que conocemos del mundo real en el que la historia se desarrolla.

maridaje entre el show business y la mafia

Uno de los atractivos a tener en cuenta es que en la periferia de la trama el guionista encuentra los resquicios adecuados para poner sobre la mesa temas como el racismo, la dificultad de la creación artística y su valor, la corrupción que apareja el poder, sea éste grande o pequeño, las similitudes que presentan los cuerpos de la ley y sus contrapartidas ilegales y los diversos intereses que fluyen y se mueven en organizaciones que desde su exterior se perciben como monolíticas.

Kyko Duarte (1975, Málaga), que ya había sido cooperador necesario de Mariolle en anteriores trabajos, nos narra la historia mediante viñetas y composiciones horizontales, aportando un ritmo muy cinematográfico, en un estilo realista que se apoya bastante en el color de Claudia Boccato, dejando los sombreados a lápiz para enfatizar un puñado de momentos. No creo, personalmente, que éste sea el trabajo de Duarte que más luzca, en World War Wolves su lápiz es más detallado y en sus álbumes de la famosa serie Elfos el color resalta más sus dibujos, pero es expresivo en los rostros, dinámico en la puesta en escena y, aunque caricaturesco, hace muy reconocibles a las caras famosas que se asoman cada poco tiempo a las viñetas. 

En 2013, cuando se salió al mercado el primero de los dos álbumes en que se publicó originalmente la historia, ni Mariolle ni Duarte eran ya unos recién llegados ni al mundo de la BD ni al género polar (se movían con soltura tanto en éste como en las adaptaciones literarias, la fantasía o la ciencia-ficción) y el tebeo transpira esfuerzo por los cuatro costados. Entonces, si la trama es sólida, los personajes atractivos y dibujo y ambientación correctos, ¿qué pega se le puede poner? Bueno, para empezar, el segundo álbum del conjunto parece haberse hecho de una manera algo más apresurada que el primero: la amistad que se crea entre Lawford y Siegel necesitaría de más espacio y la revelación sobre los asesinatos se cierra con un diálogo creíble pero apresurado que no es tan satisfactorio como nos gustaría y, aunque el dibujo sigue a un buen nivel, se resuelven las viñetas de manera menos detallada. Pero el principal problemas es, a mi juicio, que todo nos suena, James Ellroy asoma por las esquinas aunque nada se haga completamente a su manera. Apuntados estos posibles «peros», hay que subrayar que la lectura de En la palma del diablo, a poco que nos interesen la trama o el entorno en que se desarrolla, es bastante recomendable y esa cierta denuncia que desprende del maridaje entre el mundo del show business y la mafia, que mediante representaciones románticas del mundo criminal blanquea un poco lo brutal de sus métodos, sigue estando vigente hoy día. 

Yermo Ediciones reúne los dos álbumes originales en un solo volumen en tapa dura, a mayor tamaño del habitual en la BD francobelga y que presenta una reproducción excelente, complementado todo con unas cuantas páginas de extras con comentarios del guionista y dibujante, bocetos, diseños y alguna página a lápiz original que nos acerca al proceso creativo.

Yermo, 2016

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Miguel Ángel Vega