Impulso criminal (1959)

Entre la ficción, el documental y la investigación periodística

Jugando un papel que, desde un punto de vista cinematográfico, para algunos es (injustificadamente) menor, Impulso criminal entronca con algunas otras películas norteamericanas ambientadas en carreteras, que se mueven entre la ficción, el documental y, en algunos casos, casi la investigación periodística. Territorio bastante habitual en el género negro y en las historias de psicodramas criminales. Pudiera parecer que, seguramente por algún motivo algo morboso, tuviera más sentido recrear la historia de un crimen si está basado en hechos reales que si parte puramente de la ficción.A partir de un guion de Richard Murphy basado en la novela Compulsion de Meyer Levin, pone en escena una historia que la podría emparentar con la archiconocida —y siempre mencionada—, The Rope, dirigida por Hitchcock, y con A sangre fría (Richard Brooks, 1967) o The Thin Blue Line (Errol Morris, 1988) a las que, de alguna forma, podría haber inspirado. Dirigida por Richard Fleischer —con el consiguiente cabreo de Orson Welles, que esperaba haberlo hecho él y que boicoteó a equipo técnico y artístico durante los diez días que trabajó en ella—, sus valores cinematográficos está a la par de otras como Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957) o Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1964).

zonas del ser humano inadmisibles 

para los defensores de lo políticamente correcto

 Sin embargo, el adjetivo de «artesano» de Fleischer y la presencia de Welles en el papel del abogado, con un alegato famoso contra la pena de muerte en la parte final del juicio, dejan en un segundo plano los valores de la película, oscurecen las brillantes interpretaciones de Dean Stockwell y Bradford Dillman como asesinos sin otra motivación que la de cometer el «crimen perfecto». Precisamente en eso donde radican las claves para ver esta película de una forma «diferente», mirando más allá del alegato final de Welles contra la pena capital, que consigue librar de la horca a los asesinos. La originalidad de Impulso criminal es la sensación de vértigo que provoca el mensaje recogido en el affiche original del filme: «¿Sabe por qué lo hicimos? Porque nos sentimos condenadamente bien haciéndolo». Impulso criminal podría considerarse una obra cinematográficamente «valiente» por atreverse a adoptar, al menos durante buena parte de su metraje, un punto de vista que acerca al espectador hacia zonas del ser (y del cerebro) humano inadmisibles para los defensores de lo políticamente correcto, apoyándose para ello en la interpretación que ofrece Dean Stockwell de su personaje, carente de empatía y empeñado en un enrevesado entendimiento de los planteamientos de Nietzsche.  

David Alonso

 

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Tit. Orig: Compulsion. Año: 1959. País: Estados Unidos. Director: Richard Fleischer. Guión: Richard Murphy (Novela: Meyer Levin). Música: Lionel Newman. Fotografía: William C. Mellor. Intérpretes: Orson Welles,  Diane Varsi,  Dean Stockwell,  Bradford Dillman

El crimen no necesita de mayor justificación. Simplemente nos fascina e hipnotiza, nos atrapa, nos obliga a seguir mirando…El equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de las mejores películas célebres y sangrientas.

Este ensayo colectivo ha sido realizado por el equipo para el monográfico Crímenes Célebres, editado por Reino de Cordelia en 2018