El secreto de Mayerling (1949)

El idilio, las presiones gubernativas, la tensa relación familiar de la Corona

De todas las versiones cinematográficas o televisivas relacionadas con el asesinato vs. suicidio en 1889 de Rodolfo de Habsburgo (heredero del Imperio Austrohúngaro) y su amante, la baronesa de Vetsera, ninguna con la sobriedad, profundidad y complejidad que la facturada por el cineasta francés Jean Delannoy sesenta años después de los hechos acaecidos. Desde Alexander Korda en los años veinte a Terence Young en los sesenta, pasando por Anatole Litvak en dos ocasiones (una en la gran pantalla y otra para la pequeña), todos ellos trataron con desigual fortuna las variadas posibilidades de un suceso que siempre estuvo envuelto en la polémica y la elucubración: por un lado los que pensaban que los enamorados acabaron con su vida desde un punto de vista eminentemente romántico, luchando contra las convenciones de sus respectivos estatus, y por otro los que defendieron la teoría de una conspiración política para apartar a Rodolfo de unas pretensiones liberales volcadas principalmente en sus relaciones con Hungría. Delannoy, al contrario que sus colegas de profesión, hizo especial hincapié en las circunstancias que rodearon y pudieron desencadenar el fatal desenlace, apoyado en la composición del argumento por el prestigioso guionista Jacques Rémy

No en vano, la película arranca con el descubrimiento de los cuerpos en la localidad austriaca donde la pareja se había refugiado, y a partir de ese instante asistimos a un extenso flashback que, a modo de recorrido circular, finaliza con el momento en que se producen los dos disparos… En dicho comienzo ya nos predispone a una austeridad interpretativa y secuencial completamente alejada de fatuas pomposidades o efectismos comerciales. Cercanos al naturalismo, estos primeros minutos nos muestran, sin diálogos, detalles cruciales como la diferencia de clase entre ambos amantes: mientras el príncipe es llevado en ataúd con todo el boato presumible a su condición, María Vetsera es conducida poco menos que a rastras hasta un coche, ya que ostenta la humillante condición de amor furtivo del sucesor al trono

convincente por su delicadeza y contención

Rodolfo (en la piel de Jean Marais, actor fetiche no solamente de Delannoy, sino principalmente de Jean Cocteau) es un príncipe mujeriego y hastiado que vive atemorizado por el riesgo de sufrir un atentado: no son pocos los que desconfían de sus coqueteos con el independentismo magiar, poniendo en peligro así la estabilidad del imperio de Francisco José I, su padre. La vida de aquel toma un giro inesperado cuando conoce a María, que representa el amor sincero, virginal y entusiasta frente al inicial cinismo del heredero, abonado a las aventuras esporádicas. 

En el film, el príncipe va evolucionando y Rodolfo acaba correspondiendo sin remilgos a la pasión desinteresada de su amiga. La música es utilizada casi a cuentagotas, y Delannoy nos libera de la tentación de recrearse en pasajes inherentes al contexto como los interminables bailes palaciegos de rigor. De igual forma ocurre con los lied de Brahms que son empleados eventualmente. El director francés trufa la acción de manera puntual con algunos toques de humor sutil y elegante: una seña de identidad que hemos podido apreciar en otros títulos dramáticos de su obra como L’assassin a peur la nuit o El eterno retorno, realizadas igualmente en los años cuarenta.

El secreto de Mayerling pone todas las cartas sobre la mesa: el idilio, las presiones gubernativas, la tensa relación familiar de los miembros de la Corona, la influencia crucial del Vaticano —Rodolfo pide la anulación de su matrimonio con Estefanía de Lieja, a lo que tanto los reyes como los enviados de la Santa Sede responden montándole poco menos que un improvisado tribunal inquisitorial— y, en general, de todo lo religioso, siempre predominante en cada aspecto de la vida palatina. Y acaba jugando con cierta ambigüedad a la hora de volcar el peso sobre alguna de las teorías expuestas al comienzo. El Mayerling de Delannoy rezuma delicadeza y contención, a la vez que elude el empalago gratuito, lo que termina por darle una credibilidad categórica.

Jesús Fernández

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Tit. Orig: Le secret de Mayerling, 1949. Director: Jean Delannoy. Guión: Jean Delannoy, Philippe Hériat, Jacques Rémy. Música: Louis Beydts. Fotografía: Robert Lefebvre. Intérpretes: Jean Marais,  Dominique Blanchar,  Jean Debucourt,  Claude Farell,

El crimen no necesita de mayor justificación. Simplemente nos fascina e hipnotiza, nos atrapa, nos obliga a seguir mirando…

El equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de las mejores películas célebres y sangrientas. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el equipo para el monográfico Crímenes Célebres, editado por Reino de Cordelia en 2018