El doble. Roberto Malo

   

Oí ruidos
y me puse alerta,
escuché gemidos
y abrí la puerta.
Mi mujer y un hombre
hacían el amor
y el hombre…
era yo.
Me quedé perplejo,
sin saber qué decir,
el tipo era mi reflejo,
igual a mí.
Mi mujer de hito en hito
me miró,
dio un grito
y se desmayó.
Era demasiado
para mí.
El doble era clavado,
tenía hasta mi cicatriz.
“Ya me voy…”,
se excusó.
“No tan deprisa”,
dije yo.
“¿Por qué?”,
quise saber.
“¿Por qué va a ser?
Por tu mujer”.
“Es maravillosa,
es un sol,
es preciosa,
es un bombón”.
Y dicho esto
se volvió
y presto
desapareció.
Nunca lo he vuelto
a ver.
Y nunca dejo sola ya
a mi mujer.